lunes, 17 de septiembre de 2018

Trío

Las nubes amenazan lluvia, o nieve, o algo, pero amenazan, el aire viene fresco y además ha ganado Trump y me da miedo porque este paleto con problemas de pantalones y peluquero vengador es tonto hasta el susto y ahora ha multiplicado su poder con lo que eso significa, ya que está claro que ni casar con jaca le humaniza, así que me las arreglo para pasar la tarde sin salir del dormitorio acompañado de Lorena y Anaís. En la cama, boca arriba (decúbito supino), y sin apenas ropa encima, Lorena acaricia mi oído como ella tan bien sabe hacerlo, mientras que Anaís..., bueno, Anaís es Anaís y siempre ha tenido una habilidad especial para ponerme de aquella manera -que excuso detallar aquí por no menoscabar pudores y melindres- mientras me habla, casi monotemática, de aquello de lo que me suele hablar -"la fuente del poder sexual es la curiosidad, la pasión", "el lenguaje del sexo aún está por inventarse. El lenguaje de los sentidos tiene que explorarse", o "sin sentimiento, sin invenciones, sin el estado de ánimo apropiado no hay sorpresas en la cama", me dice. Aguanta ahí, Felisín...-; qué sería de uno sin estos momentos... me froto los parpados, me molesta el humo de mi propio cigarro, así que lo apago y me concentro en lo que ahora realmente importa, qué es esta otra compañía, la de estas dos damas, mucho mas complaciente y placentera que la del puñetero tabaco, donde va a dar... me giro, respondo a las caricias que señalaba de Lorena ondulando mi mano izquierda, acompasándola a su ritmo, a su cadencia, mientras en mi mano derecha tengo tomada por el costado a Anais (Anaís y su "delta de venus", como ella misma lo llama, mmm...), todas estas informaciones que recibo de ella, todas estas cosas que me cuenta avivan mi fabulación y yo mismo, también, podría en este estado al que Anaís me induce contar unos cuentos, de tener un editor que me los pagase, que ni Poe ni Borges ni el Mariano juntos, pero como no tengo ese editor que endiñe pues como que no me da la gana hacerlo, ¡ea!.

Lorena, la pelirroja Lorena, pasó una noche en el mercado de Marrakesh, creo escucharla, y tengo la sensación ahí, entre medias, de que intentase competir en vivencias y experiencias con Anaís para acaparar mi atención, pero mi interés más se centra en esta última, qué le voy a hacer... Acerco uno de mis dedos a mi boca, ensalivo la yema y lo dirijo a ella, a su "delta de venus", para mi mayor felicidad (o falocidad, como Brando/Paul tan certeramente aclarara en El Último Tango) y con el corazón ya puesto de perfil; la pulsión del bajo instinto, siempre la pulsión del bajo instinto, ay... creo que, al paso que vamos, aún dentro de doscientos años, allá donde me halle y siga o no el dictamen de la curia (qué va a ser que no), no me descrapulizo yo, lo veo venir -polvo seré, mas polvo encrapulado-. Ajena a este desaire hacia ella de mi parte Lorena se pone mística -aún más mística-, da un salto en el espacio y el tema va ahora sobre Santiago de Compostela, pero a mí, una vez metido en harina, no hay ya un Cristo que me desvíe de Anaís y sus deleites, de su voluptuosidad y su lascivia, de modo que me incorporo, retiro del plato el lp de Lorena (Mckennit, Loreena Mckennit. The Mask And Mirror. 1994), vuelvo a tumbarme y prosigo un rato más con la lectura del Delta de Venus de Anaïs Nin (1997. Edición en rústica de Alianza Editorial, 2008), media horita más o así, marco la página en la que me encuentro, ahora sí lo cierro y devuelvo el tomo a su sitio, entre H. Miller y Brando, por orden completamente aleatorio pero que me da completamente igual porque se supone que a estas alturas de la película uno ya debería estar para elegir o desdeñar sus órdenes, sean éstos aleatorios o no lo sean.

Me acerco a la ventana, la abro y compruebo que no es que haga tanto frío, o por lo menos no tanto como me esperaba, y que el presi Donald tampoco asoma de momento su feo pico, así que puede que al fin sí baje a dar una vuelta, o que vuelva a ver Flash Gordon -sin ir más lejos-, o que me enfrasque en otro trío, y esta vez más sucio, con Patti (Smith) y Melissa P. (Panarello), ya veré.

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