lunes, 30 de marzo de 2020

30-3-2020

Resumen de la pasada noche del sábado:
La película esa de los dos Papas de Netflix, toda ella llena de cónclaves, concilios, tonsuras y arzobispos... nunca me había alborotado tan poco viendo tanta falda.
Música de cámara durante un par de horas a un volumen tenue, tumbado, con la luz apagada y solo iluminado por la brasa del cigarro para descansar la vista, porque después de dos semanas sin apenas ver exteriores la presbicia me esta avisando de que ya la estoy vacilando y enseñando mucho la chorra y se me va a mosquear.
Frecuentes lavados de manos por un justificado temor a los patógenos, procurando hacer casi todo con ellas flexionadas hacia adentro y manejándome con los codos dentro de lo posible, con lo cual creo que ya parezco un cruce entre Howard Hughes, Poncio Pilatos y una mantis religiosa.
Cinco o diez minutos en facebook, que tampoco es plan de que ahora me entre úlcera.
Un nesquik caliente acompañado de otro cigarro y, por último, un libro de poesía que leo hasta quedarme roque.
Cojones tiene. Con lo golfa que una ha sido y mírame ahora, que solo me falta tocar el arpa.

lunes, 23 de marzo de 2020

23-3-2020

Cuaderno de bitácora. Décimo día de confinamiento.
Voy por nosecuántos episodios diarios de True Blood, vengan bollos tía María, y tampoco es que me flipe la serie ni mucho menos, pero es muy larga y el caso es combatir el tedio; vampiros, senadores, licántropos y demás gentes de mal vivir, y además está el tema de follar, que nunca me ha dado mucho asco, así que distrae, bien, pero después de tanta matraca me entra sueño, me amodorro, cabeceo, me voy quedando grogui y sin poder evitarlo entro en duermevela, doy un respingo, así como un susto, e intento fijar la atención en la pantalla pero he perdido el hilo argumental y ya no me entero de qué va la vaina, vuelven a cerrárseme los ojos cada vez con más frecuencia, en el interior de mis párpados y de un modo semialucinógeno se proyectan imágenes, retazos de vivencias, chispazos, secuencias, fractales, cosas, caigo como un lerele y me sobresalta el ruido de un recuerdo: soy yo mirando el atardecer desde una cama en el momento en que se cruza en mi campo de visión y se planta ante mí mi acompañante con la ropa necesaria para la ocasión, o sea, ninguna, me despabilo con esto, apago la tele, me incorporo mientras aún ronda por mi cabeza aquel eclipse de coño y dudo entre releer todo lo que tengo de Umbral o volver a dar el estacazo a mi colección de comics de Conan porque tampoco tengo yo muy claro cual es lo más adecuado para la ocasión, si profundidades o evasión, pincho a los Maiden, enciendo uno de los cigarros autorracionados y me pongo a escribir esto solo por eso, por no ver demasiado las noticias y por matar el tiempo, y si tú has llegado hasta aquí es porque compartes el mismo aburrimiento que yo, ¿o me equivoco?
Qué le vamos a hacer, colega, es lo que toca.
Salud.

lunes, 16 de marzo de 2020

16-3-2020

Esta mañana ha caído en mi pueblo una nevada curiosa, con unas nubes muy tristes y muy poco halagüeñas, pero ahí, detrás de esas mismas nubes, seguía brillando el sol, lo sabemos todos, y además ya cesó. Por otra parte también cae otra nevada, pero ésta muchísimo más fea, de virus, de preocupación, de egoístas, de ansiedad, de imbéciles que siempre aparecen cuando menos falta hacen, de enfermos que pueden con ello y enfermos que no, y otra más, de gente llana del pueblo llano que con vergüenza torera se está dejando los huevos y los coños y viceversa para que todo esto funcione y salgamos del mal trago y de gente que consigue emocionarte cuando sale al balcón a aplaudir o a cantar algo. Esperemos que más pronto que tarde la nevada buena anule a la mala y podamos salir a calentarnos a ese sol del que hablaba en un principio sin necesidad de guardarnos las distancias y con algo aprendido en el morral.
Salud y paciencia, amigos.

martes, 3 de marzo de 2020

Y un pimiento

La mañana era soleada y la Plaza Mayor era la antigua, la de los jardines, la bonita, con la salvedad de que la fuente grande no estaba frente al ayuntamiento, sino en todo el puñetero medio, donde debía haber estado el farol aquel, y, además, no daba agua, daba kas de naranja. Yo iba hacia ella como un náufrago, con la lengua pegada al paladar y muertito de sed, se me cruzaba gente que me saludaba, me pedía un cigarro, yo qué sé, y yo les decía quitad hijos de puta, ¿no veis que me estoy muriendo?; llegué a ella, metí la cabeza para bebérmela toda y me desperté, miré hacia la ventana y vi que aún no había amanecido.
Esto me ocurrió cuando tenía diecinueve o veinte años; me había acostado con una borrachera como un piano y el consiguiente resacón tan enorme y tan descomunal me provocó ese sueño, ya ves que pijada: antojo de kas de naranja. Me levanté y cagando hostias fui hasta la cocina, por si acaso quedaba kas, de camino me daría algún cabezazo contra algún marco al ir a oscuras para no levantar sospechas, fijo, y al abrir la nevera tururú: no quedaba kas. Pues agua, como las putas ranas. Me agaché a coger una botella y mira tú lo que son las cosas me fijé en un pimiento que parecía hasta que me saludaba, qué gracioso y qué salao... coño, pues se me ha antojao, a falta de kas ven aquí, hermoso; le cogí, le lavé, le arranqué el tallo y le puse en modo copa bajo el grifo para que el agua expulsara las semillas, pero tate, he aquí que ver rebosar del pimiento ese agua tan burbujeante por la propia presión con la que salía y sobre todo notar su frescor en mi mano me hizo hasta salivar... ¡joder, que puta sed!, así que al enemigo ni agua pero para mí sí, ea. Me la bebí de un trago directamente de ahí y repetí la operación otras tres o cuatro veces. Maná divino, oye. Me recompuso todos los chakras. A raíz de aquello durante una temporada cada vez que me la agarraba -y en esa época era frecuente, podéis creerme- al día siguiente mitigaba la resaca bebiendo agua en un pimiento. No creo que sea necesario aclarar que de sobra sabía yo que aquel remedio era un placebo que no resistía un mínimo análisis crítico y que además me hacía parecer gilipollas, nos ha jodido, pero solo por sugestión me funcionaba, y con eso me era más que suficiente.
¿Qué por qué cuento todo esto? Pues porque cuando veo a gente que aún confía en que nuestra actual clase política nos va a solucionar la papeleta me siento menos raro por aquello, jatetú, además de porque me da la gana, naturalmente.

Pd: La próxima vez que vaya a votar también me llevaré un pimiento.