lunes, 17 de septiembre de 2018
Paseo matutino
Esta misma mañana: Dábame yo la vueltilla de rigor por el castillo como todas las mañanas en qué ni llueve, ni hiela ni esas cosas, el mp3 en funcionamiento, tímidos rayos de sol caldeando mis viejos huesos, leves asentimientos de cabeza como respuesta a los saludos de algún otro paseante; lo de siempre, vaya... Total, que llevaba ya un rato deambulando cuando me apercibo de que otro deambulante se cruza más veces conmigo de las que la ley de probabilidades sugiere, no le doy mayor importancia y sigo, tiquitiqui tiquitiqui, y otra vez que me le cruzo al jambo, esta vez ya me fijo en él con más detenimiento y observo que me mira de soslayo, con una mirada huidiza, y ademas también reparo en que es un peazo bigardo del copón y en lo feo que es, el jodío; pues bueno, a ver si ya tan de mañana me ha tocado el tonto, me digo, y continuo mi paseo, siempre con las manos en los bolsillos de la cazadora para ir practicando un air guitar privado (como siempre que se puede cuando los bolsillos son amplios), cosa que no se debe hacer en verano con unas simples bermudas y una camiseta de tirantes porque la gente es muy así y parece que te mira raro si lo haces..., en fin, pilarin, que prosigo, ensimismado en mis ensimismamientos, cuando de repente tengo esa sensación que a veces se tiene de estar siendo observado, me giro y ahí le tengo al jayán, a unos escasos metros tras de mí y girando la cabeza apresuradamente hacia otro lado en cuanto se encuentra su mirada con la mía; claro, yo ya me incomodo... "Huy, Felixín, que como este fulano sea enamoradizo ya te pués dar por jodido...", me digo, más en bromas que en serio, y apresuro el paso, notándome enojosamente desvalido entre pinares con lo que mi prevención señalaba no como a un gañanazo ardoroso a mis espaldas, si no más bien como a un caco de 4 x 4 en potencia... "A ver en qué acaba la cosa..." Doy alguna vuelta más,sustituido ya el paso peón caminero por el más distanciador trote cochinero, y me encamino al mirador de la Reina, a apretarme el truja correspondiente apoyado en la baranda, cuando, una vez allí y en ello (apoyadura y fumeo), diviso que se acerca en mi dirección el espécimen antes mentado "Vaya por Dios." Aprovechando que tengo el chisquero aún de la mano porque esta mierda de cigarros que venden ahora se apagan cada dos por tres y dudando de cuan aviesas son las intenciones del susodicho espécimen le empuño fuertemente, por si hay amago de palo hacerle un "que te meto con el meshero" (y meterle, en caso de extrema necesidad), y sopesando también la posibilidad de que simplemente sea un tenorio o un ligón, en cuyo caso se le da boleto y pista y sanseacabó, y que me deje escuchar música, que yo estaba muy tranquilo aquí sin meterme con nadie; enfrascado en estas cavilaciones veo que tengo al tipo cada vez más cerca, hasta qué, poco antes de pisar lo que es propiamente el mirador, se para, a apenas diez metros de mí, y se pone a mirar con todo detenimiento una hierba que se encontraba a sus pies, hierba esta qué, a juzgar por la atención que le prestaba, cualquiera diría que se trataba de un edelweiss, cuando en realidad no era más que un puto ceñilgo, mientras a su vez me lanzaba de cuando en cuando miradas a la remanguillé "Menudo disimulo de mis cojones que te gastas, resalao", pienso, y no me corto ni media en mirarle fijamente, no vaya a ser que me pille desprevenido, me saque una cheira o cualquier otra cosa y me quite hasta las arrugas, porque además allí no había ni grillos a quienes yo pudiera gritar help... Pues bien, que en esto que va el tío y se quita un palestino que llevaba al cuello y lo guarda en un bolso, se baja la cremallera de la cazadora hasta que queda ésta completamente abierta, se lleva las manos al cinto y veo que se le desabrocha "No te asustes, tal vez sea un cagador -me digo, porque ya no sabía ni que pensar- y se dispone a ejercer", y, para mi sorpresa, se le vuelve a abrochar -le estaría apretando, yo qué sé...- y aquí es cuando llega la parte más gilipollesca del episodio ¡¡Va el tío y se me pone a bailar ahí!! ¡¡Con dos cojones y un palito!! "En menudos lances que me veo yo", lamento con una media sonrisa; apago el cigarro, meto la colilla en la cajita de chapa que llevo siempre, me abro de allí y, al pasar a su lado, me quito el auricular izquierdo y le jaleo -porque, si no, reviento- "¡Ahí lo llevas, maestro!", y maestro que no me ha hecho ni puto caso, ahí le he dejao bailando. Creo que he hecho muy bien en salir por piernas del lugar, porque el caso es que el ritmillo con que bailaba el cabrón era contagioso, y quién me dice a mí que no acabase bailando a su lado yo también y siendo pasto de algún videoaficionado casual e indiscreto que pasase en ese momento por allí para verme cualquier día por aquí por las redes haciendo la mona... ¿Quién me lo dice...?
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