Cerca de diez años, sí. Hace cerca de diez años que un gobernante parecido a Mr Bean anunció que se empezaban a ver brotes verdes en esta crisis ya en edad de merecer, y cinco desde que su sucesor, un gallego aficionado al plasma, proclamase el fin de la recesión... No sé si esta fulgurante bonanza económica pronosticada (y cacareada) hace ya tantas lunas ha permitido al primero tomarse esos cafés cuyo precio desconoce y al segundo comprar un televisor en 3D para hacer acto de presencia en las reuniones parroquiales, pero lo que es a mí, un obrerete más del pueblo llano, me ha salvado la salud. A diez euros ya el paquete de tabaco y con mis inciertos ingresos no me puedo permitir el lujo de seguir fumando. Olvidaba a nuestra actual mandataria, doña Ana María Botella Serrano (el doña es solo requerido, que no justificado), secretaria general de esa broma macabra que han dado en llamar PPSOE, coalición de los dos grandes partidos mayoritarios que, ante su incapacidad para sacarnos de allí donde antes nos habían metido y su negativa a abandonar unos cargos que no les suponían carga alguna, mas bien al contrario, y a ganarse la vida honradamente, hará un par de años decidieron unir sus fuerzas y hacer de la ciudadanía causa común, esa misma ciudadanía que no puede creer que hagan lo que siempre han hecho. A pesar de todo, el cambio de gobierno respecto a los anteriores no ha sido sido sustancial..., yo apenas he notado la diferencia; se escuchaban voces que denunciaban que ahora, sin una oposición potente, podrían hacer lo que les diera la real gana... Creo que esas voces no consideraron que en los ejercicios anteriores los sucesivos gobiernos habían puesto el listón muy alto respecto a esos menesteres... Lo siento, me voy por las ramas..., es lo que tiene tener tanto tiempo libre entre trabajo y trabajo. Meses. A veces más. Hablaba de nuestros últimos presidentes y sus optimistas vaticinios y su nulidad para las artes adivinatorias y para todo lo que no sea el cantarle a la mañana; en la practica, y por lo que a mí respecta, en los últimos cinco años he firmado cuatro contratos (y tal y como esta el patio me ha venido Dios a ver): dos de seis meses, uno de ellos en una planta de envasado de miel de una nueva (y extinta) empresa creada en Valladolid en cuyas instalaciones no solo se explotaba a las abejas..., con aquello de la excusa de la crisis y el "apretemos todos el hombro... Esto es como una gran familia (excepto para los beneficios)..." consiguieron que trabajásemos tres meses sin ver un duro (perdón, un euro. Soy de otra quinta...), esperando que nos alimentara nuestro amor incondicional a la empresa..., amor que se fue al garete cuando unos cuantos obreros (no todos, claro) la pusimos los cuernos con la Inspección de Trabajo al denunciarla... Huelga comentar que, finalizado el contrato y en ese momento con menos deudas en su haber, incluso ampliando la plantilla por necesidades de producción, la renovación de contrato en su día prometida no se produjo. Por hijo díscolo, deduje. El otro contrato de seis meses fue como mozo de almacén. Lo de siempre en estos casos, (salvo que hace ya años que no soy mozo): Preparación de pedidos, carga y descarga de los mismos, prisas y mas prisas por necesidades de producción (siempre las "necesidades de producción", eufemismo guasón que enmascara con mucha desvergüenza el negrerismo de no pocos empresarios, esos mismos que mientras espera el camión y tú te das la jupa se rascan allá donde les pique con mucha parsimonia... Casualmente he observado que a todos les suele picar el mismo sitio...) A los consabidos seis meses y otra vez sin renovación saqué de allí en limpio seis nominas y un pinzamiento en una vertebra (en los impresos sobre prevención de riesgos laborales no se contemplan las prisas) cuyo tratamiento ahora no me cubre la Seguridad Social dados los hábiles recortes en sanidad ejecutados por políticos mas hábiles aún. Los otros dos restantes contratos fueron en la campaña de la fresa. Fin de obra, veinticinco días ó máximo un mes. Nada nuevo bajo el sol. Podrían haber sido mas (campañas, no días), pero ocurre que de bastantes años a esta parte en el campo hay un overbooking desmesurado, parecemos turistas, y un puesto allí, donde yo aún recuerdo de cuando no lo quería nadie, son hoy cuatro duros que en otra parte no te dan... El marido de la actual presidenta del gobierno, el angloparlante Aznar, nuestro primer damo y en su día también presidente (es raro encontrar en este país a alguien que no haya sido presidente) tenía cuando regía nuestros destinos una coletilla que usaba frecuentemente con mucha gracia y con mucho donaire, y que hoy se ha encargado de desempolvar, para regocijo de su señora y de sus palmeros y sus zascandiles: "¡España va bien!" Pues eso. Que mientras España vaya bien, que se jodan los españoles.