lunes, 17 de septiembre de 2018

Soy fumador

Soy fumador. Fumo alegremente desde hace más de treinta años, lo que convierte esta actividad en toda una tradición para mí. Esta dedicación conlleva sus riesgos, a ver quién es el imbécil que lo niega, y también sus satisfacciones, como sabe todo aquel nicotinómano qué, por ejemplo, comprueba que se ha quedado sin tabaco mientras se toma una copaza o en medio de una estimulante conversación y una mano amiga le tiende un cigarro, por no hablar de sus -en pequeñas cantidades- beneficios tónicos, laxantes, de sus efectos favorecedores de la concentración o de lo agradecido que es y lo bien que queda el cuerpo ese delicioso pitillo de después del amor; ahí es nada, amigos, ahí es nada... No es un comportamiento del que me sienta especialmente orgulloso, pero tampoco me avergüenza, ni mucho menos. Ahora que llega el puto tiempo frío que obliga al recogimiento suelo tirarme en casa enclaustrado muchas más horas de las que quisiera, pocas de ellas vegetando frente al televisor y las más asido a algún libro preferentemente raro, o empuñando un bolígrafo y rebosando de mierda cuadernos y más cuadernos, y es sobre todo en estos momentos, cuando intentas emular a Pablo en su asedio a los corintios, cuando más necesitas y más disfrutas del placer de fumar; esa idea que se va, que se escapa, ese levantar la mirada del papel, observando distraído o ausente como ascienden las volutas de humo que acabas de exhalar y ahí está de nuevo la puta idea... Ahhh... Desde Bogart y Dietrich hasta Ava, McQueen o Brando todos los grandes fumaban, por algo sería, ¿y que muchos se han muerto por ello? Pues sí, para qué nos vamos a engañar, pero qué tampoco eran inmortales también es cierto, así qué como fumador y como español -más por circunstancia que por vocación, pero español al fin y al cabo-, no entiendo como, desde el Ministerio de Educación, no se crea un nuevo módulo de Formación Profesional destinado a enseñar a fumar a nuestros jóvenes y a educarles en una tarea tan gratificante a veces, tan sacrificada actualmente y tan mortuoria como la qué más como es la del tabaquismo. ¿Es ilícita? No. ¿Colabora en la manutención de las Arcas del Estado? Y de qué manera... ¿Está perseguida por impopular y envía ciudadanos gratuitamente a los hospitales, cuando no más lejos? Sí, pero ¿y eso realmente importa a quién corresponda decidir?

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