El dedo meñique de mi mano derecha no ha tenido una vida fácil, qué va qué va, es más, en bastantes momentos de su azarosa existencia las ha pasado más putas que en vendimias. Aquí va un breve resumen de como se las gasta, el mozo.
Marzo de 1987: cortando una pieza de madera a chaflán en un sierra de cinta se me fue la mano y chás, ahí que metí el dedazo. Resultado: tajazo hasta la primera falange (se me veía el hueso al cerrar el dedo) y corriendo al hospital.
- Te has librado de chiripa, chaval. No te has llevado el dedo entero no sé por qué. Te voy a tener que dar unos cuantos puntos, ¿eh?
- ¿Tantos?
Agosto de 1988: accidente taurino. No me llegó a coger la vaca, pero del hostión que me pegué intentando evitarlo me coloqué el hombro en las costillas. Resultado: luxación de hombro derecho, plexo braquial hecho puré. Una semana ingresado en Medina, dos en el Ramón y Cajal y dos años con una parálisis en el brazo derecho de la cual lo último que recuperé fue el dedo meñique. Y gracias.
- ¿El hombro en las costillas? ¿Te ha debido de doler, no? - me dijo un tipo con cara de monologuista con el que solía coincidir fumando en un recibidor del Piramidón; pensé que su pregunta no era propia de una mente astuta, pero no hice comentarios.
Noviembre de 1991: cumpleaños de una amiga, cogorza descomunal. Resbalé en un bar mientras hacía el oso y con la propia copa de pacharán que llevaba de la mano y que no soltaba así me matasen me corté al caer. Resultado: sangrando como un gorrino y borracho como un corzo pal hospital otra vez, Felisín, majete, donde me dicen que me he seccionado los tendones del meñique y que hay que operar inmediatamente si no quiero que se terminen de cortar y perder la movilidad del dedo definitivamente, así que en esas condiciones en el quirófano me vi, desnudo, cocido y sondado, mirando de nuevo esa lámpara y pensando "pues vaya plan..."
- ¡La sonda se está llenando de un líquido rojo! -escuché que allí decía alguien alarmado. Empezamos bien, me dije. Con más miedo que vergüenza levanté la cabeza y pude ver que el liquido era traslúcido, y que me sonaba de algo a mí.
- ¿No pueden ser todos los pacharanes que me he bebido hoy?
- ¿Tantos te has tomado?
- Puff, por lo menos el doble.
- Pues eso va a ser.
Febrero de 1999: bajo de un coche, cierro la puerta y dejo un dedo dentro (el meñique), y con los nervios del momento no había forma humana de abrirla y mientras tanto el dedo espachurrado (el meñique, a la sazón) Resultado: fractura curiosa -pero curiosa curiosa, ¿eh?- de la primera y segunda falange del meñique en cuestión. Empezaba a hacérseme raro verme el dedo sin vendar.
- Cuando te quitemos la férula no se te ocurra jugar a eso que hacéis ahora de echar pulsos con el dedo, ¿vale?
- Coño, doctor, que tengo una edad...
Ah, cuando un coche arranca con el dedo de alguien atrapado en una de sus puertas solo es cómico si tú no eres ese alguien, no me digáis por qué.
Septiembre de 2004: discusión con un imbécil. Por no aplastar su fea cara sacudí a una pared que poca culpa tenía... Ay. Resultado: paseito al hospital con la mano como un balón, fractura del quinto metacarpiano (adivinad a que dedo corresponde...) y cara de susto del doctor que me atendió.
- Joder, es que te le has escojonao... Has dao con ganas, ¿eh? - me decía mostrándome la radiografía aquel doctor hoy jubilado que ya me había cogido confianza.
- Sí... Esta ira mía...
Mi dedo meñique ha vivido increíbles aventuras, ladies and gentlemans, y ha salido con vida de todas ellas. Tiene más huevos que todos nosotros. Si no fuese porque cuando me reclame la Parca deseo que me incineren dejaría escrito que me enterrasen con él metido en el culo pá que no pasase frío. Se lo ha ganado.
miércoles, 11 de diciembre de 2019
viernes, 29 de noviembre de 2019
Soon
Soon. Yes. 1974. Aquí ya no está Wakeman, vale, pero siguen manteniendo un buen gusto que no es ni medio normal. El castrati Anderson canta con una delicadeza que no es de este mundo, el ambiente es celestial, de ensueño, es como tumbarse en un prado una mañana de primavera ajeno a preocupaciones, oliendo los pinos y mirando una nube baja, la colcha que hacen los teclados, y esas notas de slide allá por el minuto cuatro... adjetivarlas de excelsas me parece que no las hacen justicia; eso es magia.
Qué bonito, joder, qué bonito.
Qué bonito, joder, qué bonito.
martes, 22 de octubre de 2019
Cuerdas de acero
Me imagino el cuadro: yo con quince años viendo a una banda de veteranos y mirando extrañado a un pureta que tengo cerca al que se le caen unos lagrimones así de gordos en algún determinado momento mientras suenan canciones que yo no sé lo que significan para él ni que han estado ahí prácticamente toda su vida, y pensando "¿qué cojones le pasará a éste?"
Supongo que es lo mismo que pensó de mí un chavalín que tenía cerca este sábado mientras el Sherpa cantaba Cuerdas de acero, por ejemplo.
Supongo que es lo mismo que pensó de mí un chavalín que tenía cerca este sábado mientras el Sherpa cantaba Cuerdas de acero, por ejemplo.
miércoles, 14 de agosto de 2019
You Shook Me All Night Long
Alguna vez recuerdo a aquella guiri leopardesca a quien conocí en Benidorm hace ya muchas lunas; era rubia, treintañera, vivaracha y estaba que ay ay ay...
Entré una noche en un bar roquero de la zona de Levante (el Heartbreak), pedí una birra y salí a la puerta a echar un cigarro y ver pasar el mogollón. En esas estaba, viendo pasear a los Pérez, los Gónzalez, los Téllez y demás cuando a mi derecha una voz femenina (que a mí me pareció un trino) con un marcado acento inglés pero en muy correcto castellano me pidió fuego. ¡Tachán! Ya la había visto dentro pero ahí estaba. Ole ole ole. Por cosas como éstas os perdono yo lo de la Armada Invencible, Trafalgar, a los Oasis y hasta lo del támpax del Orejas, me dije, y es que nunca he podido evitarlo, oye, es ver a una rubia hermosa ella y con una sonrisa de esas que así y caérseme hasta los palos del sombrajo, así que antes de que ella terminase de pedírmelo ya había chiscado yo el mechero cuatro veces.
- ¡Gracias! Cuando encuentre el encendedor te doy fuego yo a ti.
- Flambéame (pienso, pero me lo callo.)
Nos presentamos, charlamos un poco en lo que terminamos los cigarros y volvemos dentro del bar. Sonaban Whitesnake, Kiss, Journey, Def Leppard, todo esto, seguimos cascando, me termino la cerveza, me acerco a la barra a pedir otra pero antes la pregunto si quiere una y me dice que sí, mira tú que bien, se conoce todas las canciones que suenan y no para de moverse mientras me cuenta que las sosainas de sus amigas esa noche se han quedado en el hotel, así que no hay maromo en el horizonte, me digo, y viendo además los contoneos que ejecuta, la lozanía que desprende y esa sonrisa que tiene yo, como hombre sensible de ingle, pues como que me enternezco, amoaver, se ríe y me dice que lo hace porque soy muy chulo, ¿chulo yo? ¿de qué?, la contesto, y cuanto más se ríe más guapa la veo, buah... rubia, vacilona, roquera, descará, y además huele a limón, ay... habemus repoker, todo lo justo para desestabilizarte, chaval, pienso, en esas que ponen el you shook me all night long y se desmelena viva, salta, chilla, me enrrosca un brazo al cuello y me canta el estribillo al oído hasta quedarme teniente, termina la canción y me pregunta con media sonrisa si entiendo el inglés, cosa que ya hizo mientras fumábamos en la puerta, contesto de nuevo que muy poco, poniendo la otra media sonrisa que a ella la falta, pero que algo me defiendo, ¿pero esta canción no sabes de qué habla?, ésta sí, honey, porque leí la traducción.
Cuando me preguntó si a mí me gustaba también que me sacudieran toda la noche comprendí que me estaba enamorando.
Entré una noche en un bar roquero de la zona de Levante (el Heartbreak), pedí una birra y salí a la puerta a echar un cigarro y ver pasar el mogollón. En esas estaba, viendo pasear a los Pérez, los Gónzalez, los Téllez y demás cuando a mi derecha una voz femenina (que a mí me pareció un trino) con un marcado acento inglés pero en muy correcto castellano me pidió fuego. ¡Tachán! Ya la había visto dentro pero ahí estaba. Ole ole ole. Por cosas como éstas os perdono yo lo de la Armada Invencible, Trafalgar, a los Oasis y hasta lo del támpax del Orejas, me dije, y es que nunca he podido evitarlo, oye, es ver a una rubia hermosa ella y con una sonrisa de esas que así y caérseme hasta los palos del sombrajo, así que antes de que ella terminase de pedírmelo ya había chiscado yo el mechero cuatro veces.
- ¡Gracias! Cuando encuentre el encendedor te doy fuego yo a ti.
- Flambéame (pienso, pero me lo callo.)
Cuando me preguntó si a mí me gustaba también que me sacudieran toda la noche comprendí que me estaba enamorando.
Chapeau el "esmirriau"
En la piscina de mi barrio hay un sauce que da una sombra de la hostia, y bajo ese sauce me pongo yo si no encuentro sombrilla libre, como esta tarde, por ejemplo; lo que ocurre es que ahí no puedes elegir a quién te toca de bañistas colindantes, la democracia no da para tanto.
Coloco la toalla, saco del macuto un Mortadelo porque tengo cargando el ebook y porque me da la gana, chisco un cigarro y me pongo a leer. En determinado momento me da la risa ante una ocurrencia del Bacterio y escucho un cuchicheo a mi izquierda, giro levemente la cabeza en esa dirección y veo, a escasos tres metros de mí, a un matrimonio de por aquí algo más jóvenes que yo; de él siempre he pensado que es un poco subnormal profundo y de ella tampoco es que tenga mucha mejor opinión porque ya son años de cazarles en todas partes caciconeando, chismorreando y cortando trajes al personal, y a la fuerza se ve el percal, coño, así qué ni caso, paso de ellos y de su puta madre y sigo a lo mío, que es el Mortadelo. Al poco rato pues que me vuelve a dar la risa porque Bacterio no da una, el tío, y tate... el tándem ataca de nuevo. Esta vez le escucho a él claramente y en tono burlón: "Joder, ¿le ves? Con sus años y escojonándose con un tebeo... No me jodas...", de modo que me desentiendo momentáneamente de la caza de Chapeau el "esmirriau" por culpa del atontao, me giro hacia ellos y ahí les tengo a los dos mirándome sin cortarse ni media y con una sonrisa de Martínez Soria que me hace pensar si no llevarán los macutos llenos de chorizos y claro, reflexiono con qué tampoco es tan malo ser tonto, oye, tonto puede ser el vecino, el amigo, el diácono, el Amado Líder, y, por otra parte, el tonto puede invitarte a café, puede abrirte la puerta del portal si vas con bolsas, el tonto puede ser desprendido, solidario, atlético, simpaticón... lo malo del tonto es que es tonto, y si casa con tonta pues pá qué te voy a contar, así que sin desviarles la mirada me pongo de costado y me rasco el nuflo, así, a la remanguillé, todo ello con una sonrisota yo también, claro, no vayan a pensar que mis picores no son honestos. Levantan mucho las dos cejas -porque entre los dos tienen dos cejas-, vuelven bruscamente sus cabecitas en otra dirección (fuese el otro y no hubo nada, o algo así, que diría Cervantes) y yo aprovecho y me voy a dar un baño, porque yo lo valgo, qué leches...
Cuando salgo del agua, sin darme esta vez ningún cabezazo contra la pared de la piscina, y voy a secarme ahí que sorprendo al matrimonio caciquil en flagrante contubernio debatiendo sobre el culo tan gordo que tiene la forastera del tanga azul y lo marrana que debe ser, según ellos, claro.
Mañana me llevo el mp3 y me evito estas chorradas.
Coloco la toalla, saco del macuto un Mortadelo porque tengo cargando el ebook y porque me da la gana, chisco un cigarro y me pongo a leer. En determinado momento me da la risa ante una ocurrencia del Bacterio y escucho un cuchicheo a mi izquierda, giro levemente la cabeza en esa dirección y veo, a escasos tres metros de mí, a un matrimonio de por aquí algo más jóvenes que yo; de él siempre he pensado que es un poco subnormal profundo y de ella tampoco es que tenga mucha mejor opinión porque ya son años de cazarles en todas partes caciconeando, chismorreando y cortando trajes al personal, y a la fuerza se ve el percal, coño, así qué ni caso, paso de ellos y de su puta madre y sigo a lo mío, que es el Mortadelo. Al poco rato pues que me vuelve a dar la risa porque Bacterio no da una, el tío, y tate... el tándem ataca de nuevo. Esta vez le escucho a él claramente y en tono burlón: "Joder, ¿le ves? Con sus años y escojonándose con un tebeo... No me jodas...", de modo que me desentiendo momentáneamente de la caza de Chapeau el "esmirriau" por culpa del atontao, me giro hacia ellos y ahí les tengo a los dos mirándome sin cortarse ni media y con una sonrisa de Martínez Soria que me hace pensar si no llevarán los macutos llenos de chorizos y claro, reflexiono con qué tampoco es tan malo ser tonto, oye, tonto puede ser el vecino, el amigo, el diácono, el Amado Líder, y, por otra parte, el tonto puede invitarte a café, puede abrirte la puerta del portal si vas con bolsas, el tonto puede ser desprendido, solidario, atlético, simpaticón... lo malo del tonto es que es tonto, y si casa con tonta pues pá qué te voy a contar, así que sin desviarles la mirada me pongo de costado y me rasco el nuflo, así, a la remanguillé, todo ello con una sonrisota yo también, claro, no vayan a pensar que mis picores no son honestos. Levantan mucho las dos cejas -porque entre los dos tienen dos cejas-, vuelven bruscamente sus cabecitas en otra dirección (fuese el otro y no hubo nada, o algo así, que diría Cervantes) y yo aprovecho y me voy a dar un baño, porque yo lo valgo, qué leches...
Cuando salgo del agua, sin darme esta vez ningún cabezazo contra la pared de la piscina, y voy a secarme ahí que sorprendo al matrimonio caciquil en flagrante contubernio debatiendo sobre el culo tan gordo que tiene la forastera del tanga azul y lo marrana que debe ser, según ellos, claro.
Mañana me llevo el mp3 y me evito estas chorradas.
viernes, 24 de mayo de 2019
Aires del sur
Ese insólito momento en el qué alguien te presenta a esa chica a la que llevas mirando arrebolado desde hace mogollón, habláis, tomáis algo juntos, os reís, sentados en una butaca ella se inclina hacía ti para hacerte una confidencia y apoya su mano en tu muslo, depositas la tuya en la suya, os mantenéis la mirada un segundo más de lo socialmente aceptado, iniciáis un esbozo de sonrisa, los rostros acortan lentamente distancias y te dices a ti mismo: "Joder, ¿y ahora me entran a mí ganas de tirarme un pedo?"
lunes, 11 de febrero de 2019
Barbie y Ken. Historia de un amor imposible (Soneto dialogado)
KEN:
¿Visitaría mi chalé
para que yo la desfonde
como a mí me corresponde
teniendo tanto parné?
BARBIE:
¿Olvida vuesa mercé
-y si quiere me responde-
que yo no tengo por donde
y usté no tiene con qué?
KEN:
La aconsejo, hermosa mía,
desdeñar ese cinismo
y mirar mi billetera.
BARBIE:
Vos, en cambio, bien podría
dedicarse al onanismo
si encontrase la manera.
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