- Amoaver, cuando has salido del agua y te has puesto a secarte al sol... ¿te acuerdas de ese hombre que ha pasado frente a ti andando como Robocop y con el rostro compungido camino de los baños?
- Sí.
- ¿Y que has pensado de él?
- Coño, pues que se iba cagando como una persona mayor.
- Evidentemente. ¿Y cuando le has visto de vuelta a los diez minutos, andando ligerito, con cara de satisfacción y dando grandes zancadas todo ufano, que has pensado?
- ¿Pues que voy a pensar? Que mírale, ya viene de clavarle una estaca al Conde Drácula...
- ¡Equilicuá! Menuda cobra que ha tenido que dejar este jambo ahí, ¿no?
- Claro.
- Bien. Y dime, si tú te estuvieses cagando de ese modo tan atroz, ¿en cual de los cubículos entrarías? Porqué hay unos cuantos, eh...
- ¡Joder, pues en el primero de todos! ¿En cual quieres que entrase?
- ¡Tate! ¡Ahí te quería yo ver! Entonces, siguiendo este razonamiento lógico, dime... cuando al poco rato te vas tú a mear, y, entre la docena de baños que hay, te metes en el primero de ellos -como si no hubiese más, alma de cántaro- ¡¿De que te extrañas de encontrarte allí una cagada como el sombrero un picador?! ¡¿De que cojones te extrañas?!
Diálogo mantenido conmigo mismo esta tarde en la piscina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.