jueves, 20 de septiembre de 2018

Café con hielo

Hace bastante más calor que muchos otros días de este verano, la piscina ya la han cerrado por final de temporada y en ese aspecto toca joderse, y a mi barrio no sé si le habrán declarado ya sucursal del Serengueti o si todavía hay que esperar un poquito hasta sobrepasar los sesenta grados Celsius, porqué telita lo largo que se me hace hasta que quiero llegar a casa, así que me meto en un bar que me pilla de camino a tomar un café con hielo. Pido, me despachan, mientras remuevo el azucarillo y espero la vuelta veo en la barra un suplemento dominical que incluye un artículo que me interesa, de modo que me apaño la revista, el café y las gafas de sol que había dejado sobre la barra porque no quiero que me las apadrinen y me voy a buscar una mesa lo más lejos posible del aire acondicionado, que luego me constipo. Llevo cosa de quince minutos enfrascado en el semanario y sin nada que me distraiga cuando escucho como, en una mesa cercana, una pareja de ancianos discuten porque ella le ha sorprendido a él admirando el muslamen de la camarera.

- ¡¿Qué estás mirando con tanto interés, Marcial, si se puede saber?!
- El muslamen de la camarera.
- ¡Sátiro!
- ¡Antierótica!
- ¡Mamarracho!
- ¡Uterínica!
- ¡Faloinócuo!
- ¡Insustanciosa!
- ¡Manubriante!
- ¡Felatómana!

¿A que no suena creíble? ¿A que parece que son invenciones mías? ¿A que sí? Nos ha jodido, pues claro que es mentira, coño. Tampoco hay que ser muy hábil para darse cuenta de qué a ver como narices consigue concentrarse uno ni medio minuto en la lectura con el puto telecinco puesto a todo trapo.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Avispas

- ¡Jo-der! ¡La puta avispa!
- ¡Déjala, no la incordies! ¿No sabes que las avispas solo pican cuando se las molesta?

Ni diez segundos después: ¡¡¡AJJJHHH!!!

- ¡¡Su puta madre!! ¡¡Que me ha picado!! ¡¿Y ese gilipollas de qué se ríe?!

Escuchado esta tarde a dos señoras en la piscina. La que se lleva el rejonazo es la que aconsejaba no molestar a las avispas. El gilipollas era yo.

El bañista

- Amoaver, cuando has salido del agua y te has puesto a secarte al sol... ¿te acuerdas de ese hombre que ha pasado frente a ti andando como Robocop y con el rostro compungido camino de los baños?
- Sí.
- ¿Y que has pensado de él?
- Coño, pues que se iba cagando como una persona mayor.
- Evidentemente. ¿Y cuando le has visto de vuelta a los diez minutos, andando ligerito, con cara de satisfacción y dando grandes zancadas todo ufano, que has pensado?
- ¿Pues que voy a pensar? Que mírale, ya viene de clavarle una estaca al Conde Drácula...
- ¡Equilicuá! Menuda cobra que ha tenido que dejar este jambo ahí, ¿no?
- Claro.
- Bien. Y dime, si tú te estuvieses cagando de ese modo tan atroz, ¿en cual de los cubículos entrarías? Porqué hay unos cuantos, eh...
- ¡Joder, pues en el primero de todos! ¿En cual quieres que entrase?
- ¡Tate! ¡Ahí te quería yo ver! Entonces, siguiendo este razonamiento lógico, dime... cuando al poco rato te vas tú a mear, y, entre la docena de baños que hay, te metes en el primero de ellos -como si no hubiese más, alma de cántaro- ¡¿De que te extrañas de encontrarte allí una cagada como el sombrero un picador?! ¡¿De que cojones te extrañas?!

Diálogo mantenido conmigo mismo esta tarde en la piscina.

Don Cosme

- Hola, Penélope.
- ¡Hola, don Cosme!
- Hey... mira... ven... acércate...
- ¿...?
- Mira lo que tengo en la mano para ti...
- ¡Oh!
- ¿Te gusta?
- ¡Oh, sí! ¡Que gorda y buena es!
- ¿Y no querrías un poquito? Venga, granuja...
- ...mmmmm...
- Toma, llévatela a la boca...
- ¿Puedo?
- Insisto...
- ¡¡¡GROMPFF!!! ¡¡¡ARFFFSSS!!! ¡¡¡SLURPSSS!!!
- Sigue, sigue, pero más despacio... No te la tragues con tanta ansia, que te vas a atragantar...
- ...huuummm... ¡¡¡COFF!!! ¡¡¡COFF!!! ¡¡¡COFF!!!

30 segundos después:

-¿Te ha gustado, Penélope?
-¡¡¡Aaahhh!!! ¡¡¡Mucho. -relamiéndose- Muchísimo!!!
- Las vas a decir a tus compañeras de piso que las sandías que tenemos esta temporada en la tienda son mucho mejores que esas que llevan ellas del híper nuevo, ¿verdad?, que además de que no saben a nada son más caras, ¿a que sí?
-¡Sí, don Cosme, cuente con ello!

Ligar en tiempos revueltos

- Buenas noches. Disculpe el atrevimiento, pero no he podido evitar fijarme en usted y me preguntaba si, una vez estudiada nuestra compatibilidad y nuestras respectivas viabilidades, estaría dispuesto/a a considerar mi propuesta de iniciar una relación de tipo amistad-afectivo-sexual si procediese entre ambos. Si tiene la amabilidad de darme acceso vía bluetooth puedo enviarle en este momento mi Historial Pormenorizado en documento pdf.
- Buenas noches. Agradezco y valoro debidamente el interés y accedo a su propuesta, pero soy una persona chapada a la antigua, de modo que preferiría que nuestros respectivos Historiales y, llegado el caso si hubiese beneplácito entre ambos, el Contrato Vincular, fuesen remitidos a nuestros abogados en soporte físico, en papel; me da una mayor seguridad, espero que lo comprenda.
- Desde luego, ningún problema. Siempre llevo alguno encima, que nunca se sabe lo que puede pasar... aquí tiene. Puede ver que consta mi mail, teléfono y fax, todo completamente reglamentario y actualizado.
- Muchas gracias, aquí tiene usted el mío.
- Perfecto. Estamos en contacto entonces. Pase usted muy buenas noches. El televisor Samsung es el televisor del futuro.
- Muchas gracias, igualmente. Volkswagen proporciona seguridad y comodidad, no solo vehículos.

Aquellos tiempos

Últimamente, a medida que voy para mayor, con más frecuencia me da por recordar, por ejemplo, de cuando era un chavalín de catorce o quince años, a mediados de los ochenta, y cogíamos el tren la panda de amigos para irnos a Pucela a pillar discos a Galerías Preciados o a Simago, que era lo que había allí para ello antes de que se abriese el Corte Inglés, y, una vez ya en la sección de música, me quedaba embobado observando las carpetas de unos vinilos que casi abultaban más que yo, y teniéndolos en mis manos como que me hacían sentir más mayor, más importante o más no sé, y, precisamente por esa sensación, anhelaba con más fuerza que nunca que llegase ese día, el de hacerme adulto de una puñetera vez, para que llegasen los buenos tiempos, con independencia económica al fin, mayor libertad de movimientos, mayores posibilidades de follar -o simplemente posibilidades de follar-, ir a cien mil conciertos, emborracharme como si no hubiese un mañana cuando y como quisiese y todas esas cosas que se deseaban de aquellas, y claro, uno echa ahora la vista atrás después de treinta y tantos años y se dice "Pero Felisín, gilipollas, ¿no te das cuenta de que los buenos tiempos fueron precisamente aquellos?"

Cultura

En mi opinión un sistema, una sociedad, un partido político o un gobierno -electo o no- acepta como cultura aquello que no amenaza con desestabilizarlo, que no atenta contra sus pilares éticos o morales, por tanto no creo que se trate tanto de una cuestión cualitativa -o de talla artística o como lo queramos llamar- como de un asunto de permisividad del régimen de turno y de la sociedad del momento para conceder esa categoría y esa distinción (la de cultura) a equis expresión; todo lo demás, cualquier otra manifestación que implique peligro o que moleste es considerada contracultural -entendido este término como aquello que va contra la moral establecida- y claro, le añade el atractivo de lo prohibido (y, según el posicionamiento de cada cual, le suma o le resta solidez, independientemente de la calidad que tenga.)
Un ejemplo que se me ocurre ahora de esto: cuando apareció el punk en la Inglaterra de los setenta, con los Pistols, Damned y todos los demás cantando cosas sobre la anarquía y contra la reina y tocando los cojones a la sociedad bienpensante, causó una alarma social. Para ellos -la sociedad bienpensante- aquello no era cultura ni Cristo que lo fundó, aquello suponía un peligro porque consideraban que estaba envileciendo con mensajes disolventes las mentes de miles de jóvenes y había que remediarlo, ¿qué hicieron?, lo que ya sabemos, poner a disposición del respetable la puñetera postal de Piccadilly -previo paso por caja del respetable, claro está- y santas pascuas. Hala, se jodió, el punk ya estaba asimilado por el sistema. Con ese movimiento se había convertido en un producto más, incluso turístico, y ahí ya se podía hablar de cultura, que ya no pasaba nada (otra cosa es que los verdaderos punkys no se amilanaran ni se dejasen comer el terreno con esto y hayan seguido incordiando, que es lo que tienen que hacer.)
Vamos, que tal y como yo lo veo -y esto es una opinión completamente personal, claro- "cultura" tiene más que ver con la cosa administrativa y con la crónica puntual, más con la respuesta que las sociedades y quienes las dirigen se dan a si mismas que con el arte -lo que quiera que sea esto último, que también telita para definir ahí-. Hasta hoy se sigue considerando cultura a Goya y sus desnudos y a Quevedo y sus cornudos, mañana, tal y como están las cosas, no me extrañaría que resultasen ofensivos a alguna institución o colectivo y dejasen de recibir ese trato. "Hoy esto es o no es cultura, mañana ya veremos, tú, y al que le guste pues muy bien, y al que no le guste pues ya sabe... que se joda".

Una última consideración personal: cultura creo que debiera ser lo que tiene un pueblo en donde Belén Esteban vende miles de veces menos que Valle-Inclán (por poner un ejemplo) y no al revés.

Tino Casal

Aún a riesgo de no parecer "cool" (cosa que, por otra parte, siempre me ha tirado muchísimo de los cojones) reconozco que escucho a Tino Casal y me vengo arriba, desde chinorris. Es más, con esa sinestesia y ese desorden de sentidos que provocan a veces determinados recuerdos, es escuchar alguna canción suya y venirme nítidamente a la memoria el olor a ginebra Larios que hace treinta años parecía impregnar toda la discoteca Coliseo (el olfato es el sentido más inmediato a la memoria, y esto, además, es un camino de doble sentido: un olor te trae un recuerdo y un recuerdo te trae un olor), mezclada con el ambientador ese tan característico que usaban y que te asaltaba nada más entrar, sobre todo si lo hacías a primera hora de la sesión que fuese (aunque cuando entrabas, por la razón que fuese, siempre sonaba Rick Astley, o al menos yo así lo recuerdo), y ya, a mayores, el aroma a Aladda, Farala, Moana y todas esas colonias con nombres de hijas de familia bien que gastaban las wómenes de entonces (y, por añadidura, el puto olor -y sabor- a whisky Doble V, que era el que incluía sin recargo la entrada+consumición, ay.)

"Te va la luna más que a mí." Coño, con una frase de ese decadentismo canalla a mí, la canción que la incluya, ya me tiene ganado. Por cojones.

Conversación

- ¿Hay fútbol hoy?
- Pues no tengo ni idea, lo siento, no me gusta el fútbol.
- ¿No te gusta el fútbol? Que raro...
- Nunca me ha gustado, ni de pequeño (sonrío).

Un momento después:

- ¡Ah! ¡Ya sé! A ti te gusta el ciclismo, ¿a que sí?
- Tampoco. Si alguna vez veo la vuelta es por los paisajes y eso, pero tampoco me gusta el ciclismo, que va.

Otro momento después, éste más corto:

- Pero los toros sí, ¿verdad?

Vuelvo a levantar la mirada del libro que intento leer, giro la cabeza y contesto:

- Que va que va. Tampoco me gustan los toros, nunca me han gustado (paso de dar más explicaciones y de meterme en polémicas taurinas de las que ya estoy más que aburrido).
-¿Nunca te ha gustado los toros ni el fútbol? ¿Nunca? (comienzo a percibir cierto reparo, cierta desconfianza, casi fastidio).
- Nunca. Ni los toros ni el fútbol. No (compongo un gesto de resignación burlona, sonrío a medias y dirijo de nuevo la vista al libro).
- ¿Y tú eres español? (esto ya me lo dice en un inequívoco tono despectivo, ni interpretaciones mías ni gaitas).
- Pues sí (contesto secamente; el tono que adopto yo es el de "vaya un comentario más gilipollas que acabo de escuchar").
-Así nos va...
- ¿...? ¿Perdón? (voy a decir algo más, pero me interrumpe al instante).
- tsch... (así, resbalando la lengua entre los dientes, con desdén) ¿Y se puede saber que te gusta a ti, entonces? (aquí el desprecio es evidente, se puede cortar con un cuchillo).
- ppffhh... (aquí suspiro). Pues no sé... El queso... El olor a tierra mojada... Una puesta de sol sentado en la playa... Que me coman la polla a dos carrillos... Soy un hombre de gustos sencillos (perdón por la rima fácil).

Y la puñetera vieja ha llamado al revisor.
Esto me pasa por ser un caballero.

(Extracto de un intento de novela que tengo por ahí aparcado.)

Mi esqueleto

Mi esqueleto consta de equis huesos, cubiertos de carne, músculos, tendones, sangre y otras cosas que algún día espero lejano tan solo serán ceniza, luego las religiones me otorgan un alma inmortal que las renta a ellas y a mí no, doctrinas y sistemas filosóficos catalogan mi pensamiento de esto y esto o esto otro, eficaces definidores políticos me resumen de un vistazo en judeomasón o puto carca, según convenga, machistas me llaman maricona y hembristas caracabrón, películas de sobremesa, poetastros de almanaque y cantantes sanvalentín me hablan del amor o la buena voluntad y yo echo la pota y una tía boba en la escalera me pregunta que por qué llevo gafas de sol si está nublado, un periódico me informa o desinforma de algo y mi horóscopo me lo desmiente o corrobora y un matrimonio distinguido pregunta en la boutique por le toilette porque quieren ir a echar un cagadón, mi doctora me pide que me desnude, así, sin un tango ni un jerez ni un claro de luna y una cadena de televisión me promete que si paso con ella estas fiestas me la superchupará, diseñadores de tendencias me leen la cartilla mientras escucho llover y vendedores de esperanzas me pintan la burra de verde en tanto me remojo el glande con agua fresca, y al final lo único que me queda claro de todo esto es que mi esqueleto consta de equis huesos, cubiertos de carne, músculos, tendones, sangre y otras cosas que algún día espero lejano tan solo serán ceniza. Y nada más.

Trío

Las nubes amenazan lluvia, o nieve, o algo, pero amenazan, el aire viene fresco y además ha ganado Trump y me da miedo porque este paleto con problemas de pantalones y peluquero vengador es tonto hasta el susto y ahora ha multiplicado su poder con lo que eso significa, ya que está claro que ni casar con jaca le humaniza, así que me las arreglo para pasar la tarde sin salir del dormitorio acompañado de Lorena y Anaís. En la cama, boca arriba (decúbito supino), y sin apenas ropa encima, Lorena acaricia mi oído como ella tan bien sabe hacerlo, mientras que Anaís..., bueno, Anaís es Anaís y siempre ha tenido una habilidad especial para ponerme de aquella manera -que excuso detallar aquí por no menoscabar pudores y melindres- mientras me habla, casi monotemática, de aquello de lo que me suele hablar -"la fuente del poder sexual es la curiosidad, la pasión", "el lenguaje del sexo aún está por inventarse. El lenguaje de los sentidos tiene que explorarse", o "sin sentimiento, sin invenciones, sin el estado de ánimo apropiado no hay sorpresas en la cama", me dice. Aguanta ahí, Felisín...-; qué sería de uno sin estos momentos... me froto los parpados, me molesta el humo de mi propio cigarro, así que lo apago y me concentro en lo que ahora realmente importa, qué es esta otra compañía, la de estas dos damas, mucho mas complaciente y placentera que la del puñetero tabaco, donde va a dar... me giro, respondo a las caricias que señalaba de Lorena ondulando mi mano izquierda, acompasándola a su ritmo, a su cadencia, mientras en mi mano derecha tengo tomada por el costado a Anais (Anaís y su "delta de venus", como ella misma lo llama, mmm...), todas estas informaciones que recibo de ella, todas estas cosas que me cuenta avivan mi fabulación y yo mismo, también, podría en este estado al que Anaís me induce contar unos cuentos, de tener un editor que me los pagase, que ni Poe ni Borges ni el Mariano juntos, pero como no tengo ese editor que endiñe pues como que no me da la gana hacerlo, ¡ea!.

Lorena, la pelirroja Lorena, pasó una noche en el mercado de Marrakesh, creo escucharla, y tengo la sensación ahí, entre medias, de que intentase competir en vivencias y experiencias con Anaís para acaparar mi atención, pero mi interés más se centra en esta última, qué le voy a hacer... Acerco uno de mis dedos a mi boca, ensalivo la yema y lo dirijo a ella, a su "delta de venus", para mi mayor felicidad (o falocidad, como Brando/Paul tan certeramente aclarara en El Último Tango) y con el corazón ya puesto de perfil; la pulsión del bajo instinto, siempre la pulsión del bajo instinto, ay... creo que, al paso que vamos, aún dentro de doscientos años, allá donde me halle y siga o no el dictamen de la curia (qué va a ser que no), no me descrapulizo yo, lo veo venir -polvo seré, mas polvo encrapulado-. Ajena a este desaire hacia ella de mi parte Lorena se pone mística -aún más mística-, da un salto en el espacio y el tema va ahora sobre Santiago de Compostela, pero a mí, una vez metido en harina, no hay ya un Cristo que me desvíe de Anaís y sus deleites, de su voluptuosidad y su lascivia, de modo que me incorporo, retiro del plato el lp de Lorena (Mckennit, Loreena Mckennit. The Mask And Mirror. 1994), vuelvo a tumbarme y prosigo un rato más con la lectura del Delta de Venus de Anaïs Nin (1997. Edición en rústica de Alianza Editorial, 2008), media horita más o así, marco la página en la que me encuentro, ahora sí lo cierro y devuelvo el tomo a su sitio, entre H. Miller y Brando, por orden completamente aleatorio pero que me da completamente igual porque se supone que a estas alturas de la película uno ya debería estar para elegir o desdeñar sus órdenes, sean éstos aleatorios o no lo sean.

Me acerco a la ventana, la abro y compruebo que no es que haga tanto frío, o por lo menos no tanto como me esperaba, y que el presi Donald tampoco asoma de momento su feo pico, así que puede que al fin sí baje a dar una vuelta, o que vuelva a ver Flash Gordon -sin ir más lejos-, o que me enfrasque en otro trío, y esta vez más sucio, con Patti (Smith) y Melissa P. (Panarello), ya veré.

Rollings

Cuaderno de bitácora. Otro día más en que me despierto cuando aún no lo han hecho los panaderos y completamente desvelado, para terminarlo de redondear; café, cigarro y otra vez al sobre, que en vertical a esas horas (¿horas? ¿esas son horas?) poco o muy poco hay que hacer. A estas alturas de la película ya me sé yo que el sueño no le vuelvo a pillar, aunque anoche estuviese despierto hasta muy tarde viendo una de terror mala como ella sola y apenas haya dormido tres o cuatro horas, así que recurro a la rutina que ya casi me repatea precisamente por eso, por rutina, de agarrar el mp3, conectarme esos auriculares de los que hablaba aquí el otro día y con los cuales en la cama parezco una especie de teletubby nudista y domiciliario y pegarme una sesión monográfica de algún grupo, el primero que se me ocurra siempre y cuando esté en el aparato reproductor (el mp3, of course) y ni amargue ni taciturne ni melancolice mucho, o al menos que lo haga en la medida de lo soportable. Dudo entre los Rolling Stones, Faces, los primeros Aerosmith o Black Crowes, y como ante la duda la tetuda me decido por los primeros, que si no tienen más tetas sí tienen más años. Con los rollings me ocurre que solo me muevo en una época muy determinada, 1968-1978, lo anterior, salvo excepciones, me aburre y lo posterior (casi sin excepciones) apenas me dice nada, pero ese periodo al que aludo me fascina, y en el aparato reproductor (...) casi siempre llevo la tetralogía soberbia (Beggars Banquet, Let it Bleed, Sticky Fingers y el inagotable Exile on Main St), así qué miel sobre hojuelas, lo conecto, me casco los cascos y a escuchar. La cosa arranca, por orden cronológico o por orden alfabético -del álbum- con Sympathy for the Devil, bien, muy apropiada, luego la otra, luego la de más allá, y así van desfilando tema tras tema los crapulazos hasta que uno, relajado y vencido por fin de sueño, se empieza a quedar sopa y entra en el duermevela, que es precisamente de lo que quería escribir y no sobre los rollings, que de ellos ya se ha escrito mucho.
Adoro la sensación del duermevela, el "estado theta", como creo que lo llaman los científicos, los budistas y los higienistas de la meninge, o el "vivir los sueños", que dicen los cursis, ese estado en el cual, si se dan las condiciones adecuadas, uno entra -por lo visto- en la fase REM -la de los sueños- en situación de casi vigilia y claro, la cosa le sabe a teta, y de novicia, además.
El experimentar esa no-realidad más real y más vívida que la propia realidad es impagable, esa comunión fecunda y precisa (y preciosa) entre el estímulo externo y lo que acontece en la mollera, ese poder caminar por sobre la propia alma sorteando todos los charcos, desniveles y alteraciones de ésta, y apreciando nítidamente la vibración de cada uno de sus vaivenes, toda esa riquísima gama de percepciones no nos la podrá dar nunca la materialidad, ni Spielberg ni Disney ni su puñetera madre. Un ejemplo: mientras sonaba Dead Flowers (flores muertas, fíjate tú...), y quizá porque a esa canción la tengo especial cariño, la sensación térmica y dérmica de la alegría la experimentaba (la vivía, que coño) con mucha mayor intensidad de lo que recuerdo haberlo hecho en vigilia en bastante tiempo, escuchando o no a los rollings. Supongo que, de no haberme quedado -al rato- profundamente esnucao, mediante algún otro tema y ya instalados en esa receptividad, me hubiese pasado lo mismo o parecido con cualquier otra sensación/emoción que ya tenga o tuve sí o no lejana/cercana (el disparate sintáctico es completamente intencionado, la dictadura de la gramática me estomaga); otro ejemplo: la sensación olfativa del amor, en caso de que algo así exista (y esa sí la recuerdo yo, en caso de que algo así exista...)
Flores muertas, quizá a poco más que eso derivamos, no sé...
Flores muertas, fíjate tú...

(joder, que asquerosamente confesional me ha quedado todo esto... Bueno, ¿y qué?)

Sobre auriculares y caciques

A propósito de lo que contaba aquí hace unos días sobre auriculares, diagnósticos, crepúsculos y esas cosas, aquello de que se me había producido un acúfeno y blablabla, pues bien: el otorrino me recomendó, al igual que mi médico de cabecera ya hace meses, no utilizar ni de coña auriculares de botón porque son más malos que la carne del pescuezo y sustituirles por unos supraaurales -los grandes de siempre-, y eso hice, me les pillé bien gansos y en blanco restallante -antes muerta que sencilla-, vigilando mi salud auditiva, y hasta aquí muy bien, pero claro, uno en su ignorancia no reparó en uno de los imponderables de siempre, a saber: El Tribunal de la Santa Inquisición, metamorfoseado a nuestra época en el vecino meticón -"Toda España es provincia", decía el maestro Umbral; y portería, me permito añadir-.

Es curiosa la condescendencia y la cara de pitorreo fino con la que el cacique y su hembra la cacica dirigen la mirada a todo aquél que “no va normal”, al que lleva melena, o cresta, al que fuma en pipa o al que se ha dejao la picha larga, yo qué sé, al que peca de diferente, en definitiva, diríase que piensan “mira éste, jaja, ¿no puede ir normal, como nosotros y como todo el mundo?. jaja”, actitud que también es extensible, por ejemplo, a cuando te ven escayolao, o si coinciden contigo en Benidorm, sin ir más lejos “¿y este averías? Jaja… vamos, qué partirse un brazo, jaja” o “miramiramira, Luisa Fernanda, otro que se ha venido a Benidorm, ¿no hay otro sitio? jaja”; confieso que empiezo a estar hasta más arriba de la polla de cruzarme tantas veces con esas mismas miradas cada vez que salgo a caminar con los auriculares -tochos, llamativos, sí- puestos (aunque eso de que se te quede pillao el caballero de sandalias con calcetines a rombos hasta media cacha y gorra drágonbol o la chonaza Miss Carrefour de chandal de leopardo y zurraspa en el bikini no deja de tener su aquél...)

- ¡Joder! ¡Vaya cascos más cantosos, colega! ¿No les había más discretos?
- Pues sí, majete, les tenían en negro mate, costaban más baratos y sonaban igual.
- Coño, ¿entonces qué tenían de malo?
- Que eran más discretos.

Camel

Esta misma mañana, 09:45, cita con el otorrino para coger los resultados de una audiometría que me hice a causa de un acúfeno que me lleva dando la tosta desde abril, audición perfecta, ningún daño en el oído, todo muy bien, maravilloso; diagnóstico -probable-: acúfeno causado por estrés (existe el estrés del parado, nos ha jodido, que duda cabe, causado por el runrún lógico de la situación y alguna que otra cosilla más.) Tratamiento: Tómatelo de otra manera, chaval.

Esta misma tarde, 20:04 (de reloj, hace un rato), dando un paseo por las afueras, en la carretera Rueda, por donde salen a caminar las señoras, los señores y hasta yo, me siento en un banco frente a la yondir (John Deere) a echar un cigarro y ver atardecer (uno es un cursi y le gustan estas cosas), llevo puestos, como siempre, los auriculares y el mp3 en reproducción aleatoria, que, por la sorpresa, siempre me es más entretenido, cuando, de repente, por afortunado azar, por feliz conjunción astral o por alguna de esas cosas de Iker Jiménez suena Earthrise de Camel justo cuando estoy contemplando con cara pijo un esplendido crepúsculo asalmonado de estos que tenemos en Castilla, sobre todo ahora, en otoño, como uno de nuestros raros -y escasos- privilegios. Divina comunión, coño, esa canción y ese paisaje. Me he sentido como cuando los místicos iban a hacer el imbécil al desierto y tenían alguna revelación o como cuando los neojipis ibicencos se han comido hasta los bordillos y bailan el baile del superamor, me figuro que mi cara de éxtasis debía superar a la que seguramente pongo cuando veo frente a mí unas bragas caer. Estrés, acúfeno y resto de puñetas de momento a tomar pol culo.

Eso sí, si en ese momento se me acerca algún buenastardes de los que por allí abundan y, aburrido, pretende cortarme el rollo por darme conversación “¿Este pueblo que se ve aquí como se llama?” -esto lo suele decir mucho el octogenario vacilón que lleva toda la vida viviendo aquí-, “Cuando yo tenía su edad tenía más fuerza en el pijo que en los brazos”, o “Bajo ese árbol cagué yo” -y te señala el árbol-, de la patada en la cabeza no le libra ni la tortuga D’artagnan.

Soneto a una Navidad electoral

Sea ateo, creyente o brujo,
en Navidad, me parece,
lo que a cualquiera apetece
es llenar bien el bandujo.

Pero algún lince dedujo
-alguien que aplausos merece-
que el veinticinco, y no el trece,
ya no es fecha para orujo.

Alabo su puntería
jodedor vacacional
si hay terceras elecciones

Mas le informo, señoría,
que a la mesa electoral
va a ir usté con sus cojones.

Sueño Electoral

Apenas veo la tele (ahí no salen más que hijos de puta, decía en una película Luis Ciges), pero durante la comida o la cena sí lo hago, y supongo que será debido al bombardeo político al que nos tienen sometido por lo qué he tenido anoche este sueño, que aquí transcribo calentito. Por favor, si hay algún psicólogo en la sala que tuviese la amabilidad de interpretármelo le estaría muy agradecido.
La cosa no empezaba con ningún tufo político ni mucho menos, sino con frío, con el puñetero frío que se nos ha instalado en las castillas estas últimas semanas -o es mi impresión subjetiva, que siempre le llevo- y que consigue, entre otras cosas, que se te agrie el carácter, que la compañía del gas aún durante mayo haga su agosto, que los vendedores de suéteres aplaudan tu llegada a sus establecimientos y que se te ponga un testículo azulón.
-Oiga, doctor, que se me ha puesto un testículo azulón.
-¡Coño!
Tiritaba yo, como vengo diciendo, por una estrecha callejuela, camino a no sé donde, bajo una copiosa nevada y ataviado con una camisa hawaiana, chanclas hawaianas, un pantalón hawaiano y un collar hawaiano cuando me asaltaron unos candidatos -me arrollaron sería más preciso- apareciendo de la nada y poniéndose en cruz justo frente a mí, obstaculizándome el paso e impidiéndome la huida. “Disculpe, fauno, ¿tiene un momento? -lo de “fauno” me amoscó- Nuestros nombres son María Fernanda y Alfredo Luís -dijo él- y nos presentamos como candidatos a las próximas elecciones por el partido de izquierdoderecha P.O.L.L.A. -este nombre, sin duda, me surgió en el subconsciente debido a que en el 94, entre azadonazo y azadonazo, cigarros y tragos de vino, un compañero de curre y yo fantaseamos, medio en broma medio en serio, con fundar el P.O.L.L.A. (Partido Obrero Liberal Legalizado Anarquista), e incluso confeccionamos un eslogan (“P.O.L.L.A. TE APOYA”); al final no fundamos nada-; también está usted harto de este frío, ¿me equivoco? ¿Vota usted? ¿Cómo se llama, por favor?” Ya que se había dirigido a mí de la forma que antes he señalado le contesté lo primero que se me ocurrió, y lo primero que se me ocurrió fue decirle que mi nombre era monsieur Penè y qué no insistiera, qué estaba muy a gusto con mi compañía, qué llevaba muchos años con ella y qué ya me hacían descuento en las llamadas de fijo a móvil, y qué, por favor, me dejaran pasar, que me dirigía a la piscina -esto lo improvisé para darme el bote- a ligar bronce, a nadar y a hacer landismo; como si todas mis explicaciones no fueran con ellos prosiguió con su perorata electoral “amigo -peatón, le corregí-, el resto de partidos tal, el otro resto cual, si entramos nosotros y nosotras desterraremos las borrascas y ya no padecerá usté esas tiritonas, prometemos muchas cosas, aseguramos otras más, etcétera etcétera etcétera.” A esas alturas yo ya no sabía si me estaba hablando de su programa, del IBEX 35, de la armonía de las esferas o de las inconsútiles canéforas, así que ante la duda me saqué la chorra “¡Sí, sí y sí! ¡Esto, precisamente esto es lo que necesitamos en nuestro partido! ¡Gente con ganas, con animo, con resolución, con voluntad de cambiar las cosas! ¿No le interesaría a usted unirse a nuestro proyecto y hacer carrera en política? Cumplimente usté este formulario, si es tan amable”, a continuación me ofreció ella un cartapacio descomunal -un tochazo de no menos de quinientas paginas, así, a bulto-, y en este punto, claro, dudaba yo ya sobre si los cándidos candidatos me proponían todo aquello por interés sincero, por confianza en mis posibilidades, por rendida admiración o por ganas de hacerme trabajar, y yo que coño sé, el caso es que acepté como un pánfilo y me puse a cumplimentar.
De golpe, sin mediar tramite ni puente alguno, en uno de esos fogonazos surreales que caracterizan la lógica ilógica de los sueños, aparece mi menda lerenda en la siguiente escena apoyado en un atril -diáfano o transparente. Futurista- dirigiéndome con teatrales declamaciones a un concurrido auditorio, pintureramente engalanado con mi camisa hawaiana, mis chanclas hawaianas, un pantalón hawaiano y un collar hawaiano, y además (y destacadamente señalada por los focos, para más añadidura), ay, la chorra fuera.
En primerísima fila, con unos impertinentes binóculos, me examinaban unas señoronas con expresión de vicesecretarios que carraspeaban y carraspeaban y volvían a carraspear. Una de ellas -la menos agraciada; ya que me veo en trances políticos seré correcto- de pronto se sacó del canalillo un papel arrugado y mustio -casi tanto como el continente- y me indicó con un gesto que me acercase, lo hice, extendió el brazo y me entregó sus anteojos. Regresé al atril, me les coloqué -los anteojos, no el atril, que estaba atornillado al suelo y no había manera de quitarlo de ahí-, dirigí la mirada hacía el papelajo que la contribuyente desplegaba y vi que en él estaba anotado un numero de teléfono, un perfil de tuenti y el dibujo en carmín de unos labios.
Ahí me desperté.
¿Debería ir a votar, en conciencia, después de esta experiencia?
¿Sería conveniente que abandonase la costumbre de deglutir chorizo antes de acostarme?
¿Qué interpreto yo de todo esto, cojones, qué interpreto?

Café con vistas

Valladolid. Cafetería de la estación de autobuses. 13:00 horas. Un café con leche y una caña: 2'70 €. Que el camarero te obsequie con una cazuelita de garbanzos con chorizo: Pues se agradece, coño, que además llevas frío. Escuchar, al rato, como ese mismo camarero se dirige a alguien y le espeta, con inequívoco tono de reproche y enojo "Pero por favor! Eso no se puede hacer aquí!", levantar la cabeza del pucherillo, girarla rápidamente hacía donde adviertes que se dirige la amonestación y ver, sentada a pocos metros de ti, a una guiri con la cabeza semi enterrada entre las piernas de su braguetiabierto acompañante y a punto de comerle el nuflo: No tiene precio.

Philty "Animal" Taylor


Será porque llevo poniéndome tus discos desde chinorris y me llevas acompañando toda mi vida, incluso mirándome con sorna desde lo alto de las paredes de mi habitación, será porque siempre has sido mi batería favorito y nunca ha dejado de caérseme la baba viendo y escuchando los hostiazos que sacudías (los primeros vinilos y los primeros vhs que compré fueron tuyos, y les quemé), será porque cuantas más animaladas leía sobre ti -y he leído muchas, bribón- mejor me caías, será porque aporreabas el kit como si el dueño te debiese dinero, será porque cuando a uno se le marcha un profesor de energía de tu calibre no puede dejar de sentirse así, como huérfano de algo, será porque siempre me sacabas de ventaja dos o tres huesos jodidos haciendo el salvaje -y mira que puse empeño en alcanzarte-, será porque siempre fuiste un mal ejemplo y no una mierda de buen ejemplo, será porque el término actitud te dibujaba a ti mejor que a nadie, será porque esa borrachera improbable y machota que siempre me he querido agarrar contigo ya se nos jodió, será por lo qué cojones sea, pero créeme cuando te digo qué, según me he enterado de qué nos has dejado, me han entrado hasta putas ganas de llorar -y no te rías, cabronazo, que te estoy imaginando-. Descansa en paz, Philty, ídolo.

Paseo al atardecer

Paseas alegremente por un pinar aprovechando esta inesperada bonanza climatológica, rayos de sol ya de soslayo que exigen caminar con cara de quién no consigue reprimir un cuesco en el ascensor cuando, de repente y sin previo aviso, en determinada zona que se presume seca y libre de barros, pegas tremendo patinazo cual skater profesional que te deja a punto de darte muy silvestre costalada y te dices "Bravo. Ya la pisé."

Paseo matutino

Esta misma mañana: Dábame yo la vueltilla de rigor por el castillo como todas las mañanas en qué ni llueve, ni hiela ni esas cosas, el mp3 en funcionamiento, tímidos rayos de sol caldeando mis viejos huesos, leves asentimientos de cabeza como respuesta a los saludos de algún otro paseante; lo de siempre, vaya... Total, que llevaba ya un rato deambulando cuando me apercibo de que otro deambulante se cruza más veces conmigo de las que la ley de probabilidades sugiere, no le doy mayor importancia y sigo, tiquitiqui tiquitiqui, y otra vez que me le cruzo al jambo, esta vez ya me fijo en él con más detenimiento y observo que me mira de soslayo, con una mirada huidiza, y ademas también reparo en que es un peazo bigardo del copón y en lo feo que es, el jodío; pues bueno, a ver si ya tan de mañana me ha tocado el tonto, me digo, y continuo mi paseo, siempre con las manos en los bolsillos de la cazadora para ir practicando un air guitar privado (como siempre que se puede cuando los bolsillos son amplios), cosa que no se debe hacer en verano con unas simples bermudas y una camiseta de tirantes porque la gente es muy así y parece que te mira raro si lo haces..., en fin, pilarin, que prosigo, ensimismado en mis ensimismamientos, cuando de repente tengo esa sensación que a veces se tiene de estar siendo observado, me giro y ahí le tengo al jayán, a unos escasos metros tras de mí y girando la cabeza apresuradamente hacia otro lado en cuanto se encuentra su mirada con la mía; claro, yo ya me incomodo... "Huy, Felixín, que como este fulano sea enamoradizo ya te pués dar por jodido...", me digo, más en bromas que en serio, y apresuro el paso, notándome enojosamente desvalido entre pinares con lo que mi prevención señalaba no como a un gañanazo ardoroso a mis espaldas, si no más bien como a un caco de 4 x 4 en potencia... "A ver en qué acaba la cosa..." Doy alguna vuelta más,sustituido ya el paso peón caminero por el más distanciador trote cochinero, y me encamino al mirador de la Reina, a apretarme el truja correspondiente apoyado en la baranda, cuando, una vez allí y en ello (apoyadura y fumeo), diviso que se acerca en mi dirección el espécimen antes mentado "Vaya por Dios." Aprovechando que tengo el chisquero aún de la mano porque esta mierda de cigarros que venden ahora se apagan cada dos por tres y dudando de cuan aviesas son las intenciones del susodicho espécimen le empuño fuertemente, por si hay amago de palo hacerle un "que te meto con el meshero" (y meterle, en caso de extrema necesidad), y sopesando también la posibilidad de que simplemente sea un tenorio o un ligón, en cuyo caso se le da boleto y pista y sanseacabó, y que me deje escuchar música, que yo estaba muy tranquilo aquí sin meterme con nadie; enfrascado en estas cavilaciones veo que tengo al tipo cada vez más cerca, hasta qué, poco antes de pisar lo que es propiamente el mirador, se para, a apenas diez metros de mí, y se pone a mirar con todo detenimiento una hierba que se encontraba a sus pies, hierba esta qué, a juzgar por la atención que le prestaba, cualquiera diría que se trataba de un edelweiss, cuando en realidad no era más que un puto ceñilgo, mientras a su vez me lanzaba de cuando en cuando miradas a la remanguillé "Menudo disimulo de mis cojones que te gastas, resalao", pienso, y no me corto ni media en mirarle fijamente, no vaya a ser que me pille desprevenido, me saque una cheira o cualquier otra cosa y me quite hasta las arrugas, porque además allí no había ni grillos a quienes yo pudiera gritar help... Pues bien, que en esto que va el tío y se quita un palestino que llevaba al cuello y lo guarda en un bolso, se baja la cremallera de la cazadora hasta que queda ésta completamente abierta, se lleva las manos al cinto y veo que se le desabrocha "No te asustes, tal vez sea un cagador -me digo, porque ya no sabía ni que pensar- y se dispone a ejercer", y, para mi sorpresa, se le vuelve a abrochar -le estaría apretando, yo qué sé...- y aquí es cuando llega la parte más gilipollesca del episodio ¡¡Va el tío y se me pone a bailar ahí!! ¡¡Con dos cojones y un palito!! "En menudos lances que me veo yo", lamento con una media sonrisa; apago el cigarro, meto la colilla en la cajita de chapa que llevo siempre, me abro de allí y, al pasar a su lado, me quito el auricular izquierdo y le jaleo -porque, si no, reviento- "¡Ahí lo llevas, maestro!", y maestro que no me ha hecho ni puto caso, ahí le he dejao bailando. Creo que he hecho muy bien en salir por piernas del lugar, porque el caso es que el ritmillo con que bailaba el cabrón era contagioso, y quién me dice a mí que no acabase bailando a su lado yo también y siendo pasto de algún videoaficionado casual e indiscreto que pasase en ese momento por allí para verme cualquier día por aquí por las redes haciendo la mona... ¿Quién me lo dice...?

Soy fumador

Soy fumador. Fumo alegremente desde hace más de treinta años, lo que convierte esta actividad en toda una tradición para mí. Esta dedicación conlleva sus riesgos, a ver quién es el imbécil que lo niega, y también sus satisfacciones, como sabe todo aquel nicotinómano qué, por ejemplo, comprueba que se ha quedado sin tabaco mientras se toma una copaza o en medio de una estimulante conversación y una mano amiga le tiende un cigarro, por no hablar de sus -en pequeñas cantidades- beneficios tónicos, laxantes, de sus efectos favorecedores de la concentración o de lo agradecido que es y lo bien que queda el cuerpo ese delicioso pitillo de después del amor; ahí es nada, amigos, ahí es nada... No es un comportamiento del que me sienta especialmente orgulloso, pero tampoco me avergüenza, ni mucho menos. Ahora que llega el puto tiempo frío que obliga al recogimiento suelo tirarme en casa enclaustrado muchas más horas de las que quisiera, pocas de ellas vegetando frente al televisor y las más asido a algún libro preferentemente raro, o empuñando un bolígrafo y rebosando de mierda cuadernos y más cuadernos, y es sobre todo en estos momentos, cuando intentas emular a Pablo en su asedio a los corintios, cuando más necesitas y más disfrutas del placer de fumar; esa idea que se va, que se escapa, ese levantar la mirada del papel, observando distraído o ausente como ascienden las volutas de humo que acabas de exhalar y ahí está de nuevo la puta idea... Ahhh... Desde Bogart y Dietrich hasta Ava, McQueen o Brando todos los grandes fumaban, por algo sería, ¿y que muchos se han muerto por ello? Pues sí, para qué nos vamos a engañar, pero qué tampoco eran inmortales también es cierto, así qué como fumador y como español -más por circunstancia que por vocación, pero español al fin y al cabo-, no entiendo como, desde el Ministerio de Educación, no se crea un nuevo módulo de Formación Profesional destinado a enseñar a fumar a nuestros jóvenes y a educarles en una tarea tan gratificante a veces, tan sacrificada actualmente y tan mortuoria como la qué más como es la del tabaquismo. ¿Es ilícita? No. ¿Colabora en la manutención de las Arcas del Estado? Y de qué manera... ¿Está perseguida por impopular y envía ciudadanos gratuitamente a los hospitales, cuando no más lejos? Sí, pero ¿y eso realmente importa a quién corresponda decidir?

La carta de amor

A propósito de los tristemente célebres pufos cibernéticos, fruto de aprovechados, sablistas, jetas y demás clases de hijos e hijas de la gran puta, quería compartir aquí una experiencia personal, una vivencia, una muy triste historia que me tocó vivir en primera persona, pero casi superada ya. Es la historia de un amor imposible, de una relación condenada aún antes de echar a andar. Es la historia de dos amantes que, quizá, nunca existieron. Ahí va: Hace años me mandó un mail una princesa nubia contándome qué, debido a un golpe de estado en su país, del cual su señor padre era el regente (y magnánimo, al parecer) se encontraba en el exilio junto a la práctica totalidad de su augusta familia. Exhortaba a mi buen corazón, del qué al parecer tenía sobradas referencias -y eso que hacía semanas que me había comprado el ordenador y metido en internet, pero por lo visto tardé poco en hacerme querer- a enviarla una cantidad de dinero para poder retornar a su país, ya qué era inminente el derrocamiento del sanguinario usurpador. Ni que decir tiene que este desprendido gesto mío sería agradecido por mi princesa nubia. Ella, que además tener conocimiento de mi generosidad también estaba informada de mis atributos físicos y de mí incontestable belleza, y qué declaraba sentir por mí un no sé qué y un qué sé yo que yo qué sé -y eso que yo no tenía foto de facebook porque aún no tenía ni facebook- accedería encantada a casarse conmigo, con lo cual yo me convertiría inmediatamente en príncipe consorte de una prospera nación africana. Toma ya. El correo adjuntaba una fotografía, y tendríais que haber visto a mi princesa... No recuerdo ya su nombre, pero supongo que en su lengua debería querer decir algo así como La Tres Veces Guapa, porqué no era para menos... Un primor de mujer. Más hermosa que la propia hermosura. Bella hasta decir basta. Naturalmente, contesté a su carta, qué, aunque encubiertamente y con un terrible drama de por medio, no dejaba de ser una carta de amor. La dije que había logrado conmoverme, que me apenaba mucho su situación, y que me entristecía más allá de lo imaginable el saber que una joven como ella, a la que además de bella adivinaba sensible -por su delicadeza, por sus expresiones, por el insondable dolor que trasmitían todas y cada una de sus palabras- hubiera tenido que sufrir tamañas injusticias en su aún reciente existencia, la envié ánimo, desde luego, porque, como también la dije, me era imposible no empatizar con aquella tan trágica experiencia, y la comuniqué, además, la profunda impresión que había causado en mí aquella foto suya que adjuntaba, y no dudé tampoco en decirla como, cada vez que la miraba, lo cual era frecuente, me deshacía en suspiros... pero, además de todo esto, también la comuniqué algo más, y fue qué -como era comprensible, y ella, mi princesa, debería comprender, ya que todo indicaba a que íbamos a pasar el resto de nuestras vidas juntos, como feliz matrimonio entre nuestros felices súbditos- yo querría... querría no. Necesitaría. Yo necesitaría saber algo. Algo importante. Vital. Y la rogué, apelando a sus más puros sentimientos, que, por favor, su respuesta fuese sincera, desde lo más profundo de su noble corazón, pues de ella dependía nuestra futura felicidad... Me armé de valor, no sin antes pedirla que entendiese mi desasosiego, y lo hice; la pregunté: ¿PERO TÚ ADEMÁS LA CHUPAS.? Pues bien, han pasado siete años y todavía no me ha contestado, la hijadeputa.

Dandismo

Amigos, rompan con el costumbrismo y desechen la tradición según la cual el varón en la intimidad del domicilio ha de vestir como un gañan. Y nunca olviden el detalle dandy que marque el punto, desde luego. Puede ser una estilosa magnolia prendida visiblemente en el batín, o untar la tostada con un cuchillo Laurier, o limpiarse el culo con un canario, pero siempre el detalle dandy, por favor.
Y recuerden también que nunca, bajo ningún concepto, se han de lucir en el hogar prendas que hagan clara ostentación de triunfos venéreos y demás asuntos de tocador -camisetas con la leyenda impresa "Pa' MANGO el mio", p. ej.- Huelga comentar que estos atavíos, además de ser de dudoso gusto y hacer alarde de actitudes nada propias de un caballero, provocan que el cartero le mire a uno con recelo al entregarle un certificado, sin ir mas lejos -y no me pregunten por que lo sé.

Invierno en Castilla

Incontrolable castañeteo de dientes al compás de un tempo presto, miles de pares o impares de testículos desalojando la bolsa escrotal para guarecerse al amor de los intestinos y repiqueteo incesante de los furelos aún estables cuales campanas tocando a rebato, miembros viriles reducidos a su mínima expresión o cuando no convertidos ya, ay, en bello y distante recuerdo, enojosa sensación de qué quién quiera que fuese el optimista que situó el cero absoluto en -273º C no ha bajado esta mañana por aquí a comprar el pan o directamente no tenía ni puta idea, ferviente deseo de que acontezca rauda la próxima glaciación para ver si así se caldea un poco la cosa... Esto es frío, señores, y lo demás son tonterías.

Quevedo

Cabrón entre cabrones. Escasos escritores (ninguno) me ha acompañado nunca tanto como este cuernófobo, calvófobo y enorme burlonazo, capaz en pocos párrafos de bajar a los mas profundos abismos de la perfidia, que nunca de la literatura, para al instante subir a las mas altas cimas de la delicadeza, y al que me acerqué por esa perversa fascinación que nos inclina siempre hacia la raza de los acusados, sea cual sea esta, aunque ya pertenezcamos a cualquier otra raza maldita, y que nos hace desear formar parte de la aristocracia del pecado, de todos aquellos pecados por los que merece la pena condenarse. Fascista antes de los fascismos, supernumerario antes de que desde el pálido busto de Palas se inspirase Balaguer, ultraconservador, racista, homófobo, misógino, si, todo eso y mucho mas, y también genial, que es lo máximo que le puedes pedir a un escritor cuando encuentras (o te encuentra) un libro suyo, y todo lo demás son ganas de marear la perdiz; se es buen escritor por escribir bien, no por tener razón, que para eso ya están los científicos y ningún cura, y siempre resultara mas amena y enriquecedora la sinrazón sublime de un genio a lo razonable y lo tedioso de un Coelho o cualquier otro vergapalida (con los buenos sentimientos no se hace buena literatura, algo así era, y esto ultimo se lo sabía don Francisco mejor que nadie.) Comenzó escribiendo de oído por los picarescos en sus inicios (Mateo Alemán, Anónimo y esos), hasta que llegó el día que siempre llega en que aprendió a hacerlo escuchándose a si mismo, mojando la pluma en su páncreas para crear un color de prosa inédito hasta entonces con el que tan pronto violaba la gramática como barrenaba al resto de las ortodoxias que tan bien conocía (todas las heterodoxias tienen su ortodoxia, al igual que todas las ortodoxias solo tienen mierda) y que utilizo como apero para, por ejemplo, anticipar el surrealismo en La hora de todos o para explicar mejor que nadie sentimientos inexplicables en Amor constante mas allá de la muerte, para no dejar títere con cabeza en la corte de dos Felipes (III y IV) y para que el último de estos viese como delante de sus reales cojones depositara el poeta un memorándum enmendandole la plana a él y poniendo a escurrir al zampabollos de su valido con todo el riesgo que ello suponía (¿y de que se iba a cortar alguien que en el XVII llevaba gafas?), lo que le llevó a verse con sus huesos en el Convento de San Marcos para que no incordiase, lo mismo que le podían haber facturado a una Siberia a descapullar pingüinos o a columpiar faisanes o a tirar pedos a un pelele, cualquier cosa, pero lejos... ¿Y como podría resistirme a un tipo así?

Pequeño Nicolas

¿Chorar a ricos parné
para dárselo a los pobres
o tangar a los del sobre
para pagarse un chalé?

Robin Hood del veintiuno
de tonto solo la cara,
estafas a esa piara,
con mas gracia que ninguno.

El sablista vengador
alegra los noticiarios
con lo cual yo esto colijo:

El timar a un timador
sí es un acto extraordinario.
Nicolás, ¡Viva tu pijo!

Homenaje a Umbral

Tiempo ha, cuando iba a comprar allí alguna fruslería, me gustaba demorarme hasta el ultimo tren para pasear por Valladolid, de noche ya, e imaginar que por algunas de esas mismas calles que yo transitaba había paseado a su vez muchos años atrás un joven Umbral plagadas sus meninges de literaturas, las suyas o las de otros, que viene a dar igual, pero solo en ese Umbral, el literario, el etéreo, el que vivía dentro de un libro ya escrito o aún no, no en ese otro Umbral que arreglaba un enchufe o elegía una salsa en un supermercado (él, que nunca arreglo un enchufe ni eligió una salsa en un supermercado), ese otro era solo un hombre y no me interesaba; yo solo rendía pleitesía a aquel Umbral absorto que paseaba con sus guantes de piel de la mano sin ver a sus congéneres, sino que se cruzaba con Albertine en un Recoletos que le era una calle de París, saludaba a Bernarda Alba o inclinaba elegantemente la cabeza ante un verso de Neruda (sus verdaderos congéneres), aquel Umbral que mas tarde recalaba en un café o una churrería distinguida y demodé, frecuentados solo por noctámbulos y personal jodido de frío, y, al calor de un vaso de leche, tomaba notas en una servilleta con su escribir bonito para desbordarla con una luz que lo llenaba todo, o quizá lo vaciaba todo, lo vaciaba de oscuridad, y acababa transfigurando aquel papelajo inútil en un mar al que le sobraba una gota para ser mar, un mar de conceptos, de estéticas y de lirismos siempre modernistas con los que ir cogiendo oficio, andamiaje y biografía y que, posiblemente, dejase olvidado así, a la remanguillé, bajo el vaso vacío para que un cliente posterior tuviese algo mejor y mas reconfortante que echarse al coleto que un café de aguachirle y un diario ya pasado. Con estas escenas regresaba yo a la estación, ajeno completamente a lo que fuera que hubiese comprado allí esa tarde y viendo ya solo la umbralidad de las cosas. Y maldiciendo por el no poder ya nunca conocer al Maestro. Ese sí era/es mi Umbral.

Blood Sugar Sex Magik

Año 1991. Blood Sugar Sex Magik. Cuando estos payos sudaban frescor fresco en vez de sudor sudao (o pachulí, ahora), cuando con un calcetín en el bolángano apañaban el tema del vestuario, cuando podían hablar de tú a cualquiera de la escena, cuando aposentaron sus reales en esa misma escena a base de actitud, no de servilismo, cuando eran los reyes del ritmo, no del pan sin sal, cuando con sus canciones no se hacia el amor, se follaba, cuando Kiedis saltaba al escenario como un gladiador a la arena, no como George Cloney buscando espárragos, cuando Flea..

-Pues desde que hacen canciones bonitas se les puede escuchar, no como antes, que..
-¡Vaya usté a tomar po'l culo, que no sé quién le ha preguntado!
-¡Tú no tienes ni puta idea de música!
-¡Que no marees, hostias!

Sigo. Cuando Flea galloleaba el mástil, no a los programadores de las putas radiofórmulas, cuando buscaban inspiración en Tracy Lords (esto es verídico), no en Giorgio Aresu (esto lo pienso yo), cuando usaban el Perrier para lavarse los furelos, no para bebérselo, cuando eran los Peppers, no los Poppers, cuando a Jorge Manrique le tarareo "Otherside" al oído el telépata Laureano o el pulpo Paul, y yo qué sé, y escribió aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, cuando tenían mas huevos que un burro mohíno; en definitiva, cuando Blood Sugar etcetera hacía arder los cristales de las gafas y reventaba todas las putas listas de los mas vendidos, no cuando I'm with you, que suena poco y mola menos, les mantiene en esa misma lista de los mas vendidos, pero no por vendedores... Cuando daba gusto escucharlos, que coño.

Mortal y rosa

Pocas otras cosas materiales necesito para ser feliz que un libro cualquiera de este señor, un rincón donde leerle despacio y un paquete de tabaco para acompañar. Umbral, siempre Umbral, con su aura de escritor crepuscular aun ya de joven, su voz engolada y distanciadora, su eterna tos de metáforas, su rechazo altanero hacía ese sinsentido llamado realismo y su mimo con el continente y su desdén por el contenido, que se la traía bastante floja y hacía muy bien. Podía escribir sobre el perpetuo invierno de los cuarenta en Valladolid, libros, el coño, sobre el azucarillo del café del pobre o sobre las venas de los huevos propios o ajenos..., todo le salía Umbral. Provocó (voluntariamente) rechazo en vida porque se pasó las correcciones por donde se las tenía que pasar y cultivó un personaje soberbio e indigesto que no era mas que una mascara y un parapeto, una trinchera, al que solo podías acceder y desenmascarar (y comprender) leyéndole, y así desgranar al hombre que vivía en cortesano y hablaba en cínico pero sentía en poeta, y sobre cualquier otra lectura este devastador Mortal y rosa, canto desgarrado y real a la muerte del hijo que es, seguramente, el libro mas doloroso pero con mas belleza incrustada que me haya leído yo nunca, y uno de los cinco que me llevaría a la famosa isla desierta en la que todos los famosos que van ahora a ella a naufragar adrede y sobrevivir bajo la constelación del parné se hubieran ya muerto de asco. Volviendo al escritor, no al personaje, aparte de que su cultura y su lucidez eran abrumantes y de que disponía de todos los recursos literarios existentes mas los que sobre la marcha creaba, lo que le hacia tan especial era su actitud: Tenía un equilibrio maravilloso entre beligerancia y dulzura. Era único.

Manowar

Las raíces son las raíces y la naturaleza de cada uno es la que es, oye, y contra eso poco se puede hacer. Décadas llevaba yo renegando de los Manowar por no saber compartimentar la bobada que tienen estos tíos -que la tienen- de lo que realmente importa, que es la música, y solo les he echado mano durante veinte años para leer comics o novelas de Conan, por aquello de la ambientación y esas cosas, con lo devoto que era de ellos en los 80's. A ello ayudaron mucho sus declaraciones fanfarronas en las que cargaban contra todos los demás grupos que no fueran ellos mismos (hacer el bocachancla se les da de cojones), su actitud sectaria y hermética de o conmigo o contra mí, su pose chusca y trasnochada, que cada vez que les veo pienso "Huy, los Manowar... Que feroces y que miedo...", una imagen y una propuesta -no la estrictamente musical, la ideológica, su chauvinismo- imposibles de tomar en serio y unas coreografías mas ridículas que una mona con tutú (pero por otra parte llevo toda la vida escuchando a Black Sabbath y lo suyo no es mucho mas serio, con todos esos satanases y esas cosas, que la imaginería cimmerica de los de DeMaio, y ademas, a mi el tema de espada y brujería siempre me ha encantado, como a todo buen fanático de Conan) y podría añadir a eso, ya medio en broma, la poca credibilidad que ofrece su aspecto con el paso del tiempo..., el antaño aguerrido valkirio Joey DeMaio parece ahora al dire del botones Sacarino o un funcionario del catastro, a Eric Adams se le ha acentuado su eterna expresión de "mi culo que ni el viento lo toque" y Karl Logan..., joder..., es como un cruce entre Gwyneth Paltrow y Skeletor, y todo ello con vestuario de saldo de He-Man o de Toys 'R' Us, vaya usté a saber... Vamos, que no lo ponen nada fácil si tienes en cuenta estas tonterías a la hora de rescatarles, pero cuando lo haces y vas a la chicha, aparte del factor nostálgico de revivir viejas épocas (que anda que no cuenta) piensas: Joder como tocan estos cabrones... La brea que meten cuando quieren y las lentas tan bonitas que sacan cuando les da la gana, y el cabronazo de Eric Adams, que pese a todo canta con una pasión como a poquitos he escuchado y con una potencia y un registro imposibles, tanto en sus comienzos como en la actualidad, con la cantidad de años que tiene que tener este jambo... En fin pilarín, que quien me iba a decir a mi que iba a volver a disfrutar como un simio escuchando a los Manowar, la banda más heavy que ha habido y que habrá (con permiso de los Judas), para bien y para mal. ...joder que rollo he soltado solo para decir que me han vuelto a interesar los Manowar, que no sé a quien cojones le importara, a todo esto...

Ramón Gómez de la Serna

Don Ramón Gómez de la Serna, Ramón, el escritor mas singular, extravagante, fecundo y juguetón que dio el siglo XX español, ademas de ser casi el único optimista en este país de vinagres y de no haber tocado nunca el palo de esa bobada llamada realismo, y nuestra mas importante aportación a las vanguardias literarias europeas, hoy completamente olvidado mientras que esa que se caso con uno que toreaba va ya por la séptima edición en dos meses de ambiciones y reflexiones y mis cojones... Que puta pena..

Borges - Cuentos completos

He visto en internet este libro y se me han caído los cojones al suelo. Llevaba años y años soñando que recopilaran todos los cuentos de Borges en un único volumen y voy y me le encuentro y por solo catorce puñeteros euros (para lo que es, me parece regalado) Encuentro innecesaria una biblioteca de tres mil volúmenes al lado de esto; las obras completas de tantos otros quedan en meros experimentos de churrero comparadas con este artefacto concebido por obra y gracia de un gourmet de la palabra y el fabulador mas sorprendente e ilimitado que halla dado jamás la literatura universal (diría más, El Quijote -y mira que le adoro-, a su lado, me -recalco el "me"- parece un entremés). Todo esta aquí. El fondo mas deslumbrante y la forma mas exquisita. La ética y la estética, el asunto y el estilo, el qué y el cómo. Todo. LITERATURA, así, en mayúsculas. La calidad de pagina en su máxima expresión. Cuentos como aquél sobre un hombre inexistente -Las ruinas circulares- que es soñado por otro hombre que a su vez es soñado por un tercero. Inolvidable. Esto es pura metafísica lírica, ladies and gentlemen. O aquél otro en que se plantea la posibilidad de que Dios no se encarnase en Cristo, sino en Judas -Tres versiones de Judas- para, eligiendo el destino mas infame y la condenación eterna, redimir definitivamente a la humanidad con el mayor de los sacrificios, al lado del cual una crucifixión queda en nada. Toma ya. Las mayores acrobacias imaginativas. Una sensibilidad única para una mente clínica (¿o al revés?), y todo ello con la palabra musical, precisa, la imagen fugaz, la figura impecable, el lenguaje que enamora. Poesía en prosa. Si os apetece regalar/regalaros un libro estas navidades hacedme caso por una vez, coño, y aprovechad este chollazo y disfrutad como perros/as del libro total de este escritor total (asexuado, pero total) Borges es Dios y Umbral es su profeta (y Quevedo los dos juntos, que ningún dios hubo nunca mas profeta de sí mismo, pero eso son ya palabras aún más mayores) Pd: Disculpad el entusiasmo y la tabarra, pero estoy que no me entra un piñón po'l culo. El día que la diñe quiero que me entierren con este libro y con mi camiseta de leopardo (y con un mp3 con el Zoso puesto en repeat)

Los ricos también lloran

Somos unos egoístas, lo tengo muy requeteclaro. Aquí no hacemos mas que pensar en nosotros mismos, en lo putas que las estamos pasando el pueblo llano, y parece que nadie se acuerda de nuestros políticos, de nuestros gobernantes, DE NUESTROS BANQUEROS!! ¿Acaso ellos no sangran cuando se les pincha? ¿Acaso no lloran con el dolor? Porque vamos a pensar en que esto fuese a mas (que no puede ser, porque ya nos han tranquilizado los grandes empresarios diciéndonos que saldremos de esta en el 2013) y nos viésemos todos obligados a robar, y encima nos pescasen... ¿Quien tiene mas que perder? ¿El ciudadano de a pie o el ciudadano de a coche oficial? Yo creo que también esta muy claro...

El ciudadano de a pie se las ve putas para comer él y dar de comer a la parentela, puede realizar pequeños hurtos en supermercados y en caso de extrema desesperación puede llegar a liar a algún cuñado menesteroso como él e intentar pegar el estacazo en alguna sucursal bancaria de algún barrio que pille lejos, no sea que le guipe alguna vecina que baja a cobrar la pensión, que son muy cotillas y luego lo cascan...

El ciudadano de a coche oficial no es ningún muerto de hambre, vamos a empezar por ahí, y no se pringa por un pack de latas de sardinas (3 X 2) ni tampoco a visto pelis de Eloy de la Iglesia y no sabe como cojones funciona una recortá, ni puta falta que le hace; el tiene un prestigio y un caché, y si se pone se pone. Pega un urdangarinazo a las arcas publicas que las deja tiritando y el que venga detrás que arree, que para eso le hemos votado. (Ademas de que entre ellos no se roban. Honor entre ladrones.)

Cazan al ciudadano de a pie y le conducen a las dependencias (lo de "llevar conducido" siempre me ha hecho una gracia de la hostia, oye...; parece que te vayan a decir "tuerza usté a la izquierda... gire usté a la derecha... tres metros en linea recta y pare..." jaja, así mismo es, no te jode...) En cuanto su familia conoce los hechos acude con el inmediatamente y después de una bronca y unos lloros "¡¡Ay mi Paco!! ¡¡¿Por que lo has hecho?!! ...sniff... ...seras gilipollas..." invariablemente todos ellos arropan al inculpado (al cuñao también, que conste.)

Descubren al ciudadano de a coche oficial y le notifican la cuestión a su Nokia N97 (esa manía de poner a los teléfonos nombres de bombarderos): "¡¡Pero que has hecho, insensato!!"  "¡¡¿Sabes en que lío nos has metido, no tu solo?!!" "¡¡Estas tu solo en esto, cabrón!!"  "¡¡Ya puedes ir negando asociaciones y desvinculándote de nosotros que nosotros ya lo hemos hecho de ti. ¿Queda claro?!!" "¡¡Chapucero de mierda!! ¿A que a los demás no nos han pillado? ¡¡Solo a ti, al mas bobo!!" Ya esta. El pobre millonetis mas solo que la una.


No acaba aquí la cosa, ni mucho menos. Después del escándalo producido en el circulo de ambos apropiadores por sus hechos vienen las consecuencias de estos. Mientras que al ciudadano de a pie, y siempre que no haya delito de sangre de por medio, ningún allegado a él le acabara de reprochar completamente sus actos, e incluso entre la vecindad podría suscitar alguna simpatía, al ciudadano de a coche oficial ya le pueden dar po'l culo. Se vera obligado a defender su honorabilidad (cosa esta de la que carece el ciudadano de a pie, por que no tiene cargo), se vera expuesto a la ignominia de la sociedad (cosa esta que también se la trae floja al ciudadano de a pie, porque no le conoce ni Rita), se vera ya irremediablemente convertido en un cadáver político para los restos con un horizonte profesional completamente truncado, sin esperanza ya de encontrar un cargo que ocupar cuando pase el chaparrón en el que pueda cobrar mas de 3.000 o 4.000 euros mensuales (cosa que tampoco le pasa al venturoso ciudadano de a pie, que cuando salga del trullo siempre podrá volver a ocupar, si le hay, un puesto en algún taller o alguna obra cobrando los mismos 800 o 900 euros que cobraba antes ¿Y pá qué quiere mas?) y por si todo esto fuese poco es mas que posible que, en la debacle de los acontecimientos y ante su irrefrenable declive, al sufrido ciudadano de a coche oficial (o ciudadana) le abandone su esposa (o su esposo) por algún propietario de discotecas ibicencas (o por alguna tragadora de sables marbellís), eso si no lleva ya años haciendo el minotauro (o la minotaura), entretanto que al ciudadano de a pie lo mas que le puede ocurrir es que le condenen a prisión (al ciudadano de a coche oficial no. Ha trincado 10.000 veces mas y de ese dinero puede pagar a los mejores abogados, ademas tiene un nombre y una posición, por lo tanto se libra) y le toque compartir celda durante unos pocos años con algún que otro compañero cariñosón que le amenice las veladas, y despertar cada mañana con pelos en el culo que no son suyos. Poco más. (En el casi hipotético caso de que a alguien importante le metan en la trena jamas le encierran con los presos comunes. Es de entender. Suelen ser alérgicos a las hostias en las duchas.)

¿No queda claro que los ricos también lloran? ¡Si es que nos quejamos de vicio, coño!

Tertulianos

Anécdota real ocurrida esta mañana en la biblioteca: Estaba yo en la hemeroteca leyendo una revista (y no era el Penthouse, que no me traen, por mucho que la solicito) En la misma sala, en la mesa de los periódicos, tres tíos, dos de ellos de unos setenta años y el otro un chaval que no llegaba a los treinta. Estábamos los cuatro solos allí. Comienzan a hablar de la Eurocopa (que los tres cojones que me importa a mi) en un tono cada vez más alto, como si en vez de tener un periódico entre las manos tuvieran una caña y un plato de calamares. No consigo enterarme de lo que estoy leyendo pese a estar en una sala de lectura. Carraspeo. Nada. Ni puto caso. Se deben de pensar que me he constipado, pobrecito. Siguen a lo suyo como si no fuera con ellos, Iniesta pa'rriba Iniesta pa'bajo, mientras yo pienso que la semana que viene tal vez se traigan el arradio para escuchar el partido en directo, en eso y en la madre que les compro el arradio. Pasan dos o tres minutos y seguimos en las mismas. Carraspeo de nuevo, esta vez mas fuerte. Ahora si. Ahora se dan los tres la vuelta y me miran con estrañeza y digno cabreo, como diciendo "¿Que le pasa a este gilipollas? ¿Es que no le gusta la Eurocopa?" (que los tres cojones que me importa, a la sazón) y prosiguen con la tertulia. Como ya me es de todo punto imposible concentrarme en la revista entre el bullicio y la mala hostia que me está entrando y no tengo ganas de carraspear más veces no sea que me quede afónico y encima se rían los hinchas me levanto, dejo la revista en su sitio y me dispongo a irme, pero a la altura de la puerta, con la bilis ya royéndome los testículos, me da un brote de pundonor y abro la boca, lanzo un sonoro eructo, giro el pomo, paso y lo cierro tras de mi. Al bajar por las escaleras escucho rebuznar a los contertulios: "¡Sera sinvergüenza!" "¡Pero que educación...!" "¡Si no se va le pego dos hostias...!".
Al salir a la calle me ha costado un güevo chiscarme un cigarro de la risa que me ha entrado.

Romance del berraco furibundo

Pillando un padre a su hijo
palpándose la zanahoria
díjole - ¡Suéltate el pijo
y escucha esta triste historia!

“Ocurrió en esta campiña
este cruel hecho dantesco;
es la historia de una niña
y un berraco gigantesco.

La niña, de edad temprana,
había salido a lavar
como siempre, de mañana,
al río de este lugar.

Agobiada de calores
y puesto allí nadie había
olvidando sus pudores
metióse en el agua fría.

¡Tremendo culo gastaba!
¡Tremendas las demás partes,
que ella se refrescaba
con muy sazonadas artes!

Mas pasó que los azares,
volubles como veletas,
pusieron por esos lares
a un tonto buscando setas.

Quedó el setero intrigado
al oír el chapoteo
e imaginando, al malvado,
despertósele el deseo.

Pensaba en las lavanderas
que otras veces allí estaban
en esas u otras riberas
y las sus piernas mostraban.

Mas no podía suponer
que tras de aquellos olivos
hallar iba a una mujer
bañándose en cueros vivos.

Por eso en cuanto la vio,
en ese momento exacto,
nuestro setero cedió
al peso de su artefacto.

Observar a ese bombón
en el agua, como pez,
provoco más turbación
al elemento soez.

Levantóse con cautela
el pedazo tonto el haba
y oteó a la muchachuela
mientras se la meneaba.

Al ver aquel su potorro
que la bella enjabonaba,
el otro, como un ceporro
pelándosela jadeaba.

“Mas, ¡No he de ser yo tan lelo!
-recriminábase el mono-
teniendo una niña a pelo…
¡A Onán yo no me abandono!"

En éstas que la chiquilla
por un segundo fugaz
al mirar hacia la orilla
vio al verriondo contumaz.

Azaróse intensamente
la doncella por instantes
al no cubrir hábilmente
las sus partes vergonzantes.

Al percibir el rubor
de la mozuela confusa
el perverso, con candor,
la acercó la suya blusa.

Cubrióse estando a remojo
la nena aquel su regazo
del que no quitaba el ojo
el tremendo berracazo.

Empezaba éste a bramar
y pensó al tiempo - ”¡Pardiez!
¡De algún modo he de aliviar
esta horrenda cachondez!”-

Mas siendo él como él era
un pajillero confeso
al no acabarse la pera
su cerebro estaba espeso.

Y no acertando a abordar
a la manceba flamante
opto por improvisar
y díjola el muy bergante:

-”¡Niña mía! ¡Vos has sido
en este dulce momento
el arma con que Cupido
conviérteme en su instrumento!”-

Abriole su corazón
como Romeo a Julieta
mas la su oculta intención
fue arrimar la cebolleta.

Y acerco tanto la dicha
contra la moza, el tunante,
que al notar ella la picha
marchó de allí en un instante.

Y aun siendo este hombre el primero
que a la muchacha acechara
viósele mucho el plumero
como para que tragara.

Pues por estos incidentes
quedó como los idiotas
con la polla hasta los dientes
y el agua hasta las pelotas.

Herido a mas no poder
por tan molesto percance
pensó al instante en joder
lo que tuviera a su alcance.

Sucedió que un puercoespín
que por allí paseaba
dióle la espalda al bacín
sin saber lo que tramaba.

Al oír al roedor
levantóse pendenciero
y de un golpe traidor
cególe el ojo trasero.

Mas por ser tan abobado
amén de otras más razones
las mil púas del violado
claváronse en sus cojones.

¡La impresión fue criminal!
¡El escozor, tremebundo!
Una sensación igual
no debe haber en el mundo.

Profirió horribles relinchos
en estado muy febril
mientras sacaban los pinchos
que, como digo, eran mil.

El desenlace infernal
planteó un interrogante:
¿Quién era más animal,
el de atrás o el de delante?

Esa infame jugarreta
dejóle graves secuelas:
Ver ya no puede una teta
sin dolerle hasta las muelas.”

Y es la historia verdadera
de un berraco impenitente
si saber quieres quien era…
lo tienes sentado enfrente.