martes, 3 de marzo de 2020

Y un pimiento

La mañana era soleada y la Plaza Mayor era la antigua, la de los jardines, la bonita, con la salvedad de que la fuente grande no estaba frente al ayuntamiento, sino en todo el puñetero medio, donde debía haber estado el farol aquel, y, además, no daba agua, daba kas de naranja. Yo iba hacia ella como un náufrago, con la lengua pegada al paladar y muertito de sed, se me cruzaba gente que me saludaba, me pedía un cigarro, yo qué sé, y yo les decía quitad hijos de puta, ¿no veis que me estoy muriendo?; llegué a ella, metí la cabeza para bebérmela toda y me desperté, miré hacia la ventana y vi que aún no había amanecido.
Esto me ocurrió cuando tenía diecinueve o veinte años; me había acostado con una borrachera como un piano y el consiguiente resacón tan enorme y tan descomunal me provocó ese sueño, ya ves que pijada: antojo de kas de naranja. Me levanté y cagando hostias fui hasta la cocina, por si acaso quedaba kas, de camino me daría algún cabezazo contra algún marco al ir a oscuras para no levantar sospechas, fijo, y al abrir la nevera tururú: no quedaba kas. Pues agua, como las putas ranas. Me agaché a coger una botella y mira tú lo que son las cosas me fijé en un pimiento que parecía hasta que me saludaba, qué gracioso y qué salao... coño, pues se me ha antojao, a falta de kas ven aquí, hermoso; le cogí, le lavé, le arranqué el tallo y le puse en modo copa bajo el grifo para que el agua expulsara las semillas, pero tate, he aquí que ver rebosar del pimiento ese agua tan burbujeante por la propia presión con la que salía y sobre todo notar su frescor en mi mano me hizo hasta salivar... ¡joder, que puta sed!, así que al enemigo ni agua pero para mí sí, ea. Me la bebí de un trago directamente de ahí y repetí la operación otras tres o cuatro veces. Maná divino, oye. Me recompuso todos los chakras. A raíz de aquello durante una temporada cada vez que me la agarraba -y en esa época era frecuente, podéis creerme- al día siguiente mitigaba la resaca bebiendo agua en un pimiento. No creo que sea necesario aclarar que de sobra sabía yo que aquel remedio era un placebo que no resistía un mínimo análisis crítico y que además me hacía parecer gilipollas, nos ha jodido, pero solo por sugestión me funcionaba, y con eso me era más que suficiente.
¿Qué por qué cuento todo esto? Pues porque cuando veo a gente que aún confía en que nuestra actual clase política nos va a solucionar la papeleta me siento menos raro por aquello, jatetú, además de porque me da la gana, naturalmente.

Pd: La próxima vez que vaya a votar también me llevaré un pimiento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.