Resumen de la pasada noche del sábado:
La película esa de los dos Papas de Netflix, toda ella llena de cónclaves, concilios, tonsuras y arzobispos... nunca me había alborotado tan poco viendo tanta falda.
Música de cámara durante un par de horas a un volumen tenue, tumbado, con la luz apagada y solo iluminado por la brasa del cigarro para descansar la vista, porque después de dos semanas sin apenas ver exteriores la presbicia me esta avisando de que ya la estoy vacilando y enseñando mucho la chorra y se me va a mosquear.
Frecuentes lavados de manos por un justificado temor a los patógenos, procurando hacer casi todo con ellas flexionadas hacia adentro y manejándome con los codos dentro de lo posible, con lo cual creo que ya parezco un cruce entre Howard Hughes, Poncio Pilatos y una mantis religiosa.
Cinco o diez minutos en facebook, que tampoco es plan de que ahora me entre úlcera.
Un nesquik caliente acompañado de otro cigarro y, por último, un libro de poesía que leo hasta quedarme roque.
Cojones tiene. Con lo golfa que una ha sido y mírame ahora, que solo me falta tocar el arpa.
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