Ocho meses ya desde la última cogorza y siete meses desde que se me pasó la resaca. Quién iba a decirme a mí entonces que iba a echar de menos el despertarme con un pájaro carpintero en la testuz, las arritmias al comprobar como quedó la billetera, las inútiles duchas de agua fría y los calderos de bicarbonato...
Ahora, las circunstancias que todos conocemos han dado lugar a ocho largos meses de monacato; no bebo, no trasnocho, no me empierno, y he sustituido todas esas alegrías por los largos paseos por el campo silbando melodías y contemplando atardeceres y claros de luna... Estoy pensando en cursar solicitud al arzobispado o a quien corresponda para tomar votos monásticos e ingresar en algún convento como cartujo, dominico o ursulino, oye, y por lo menos salir de todo esto con un oficio.
lunes, 9 de noviembre de 2020
09-11-2020
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