Me gustaría conmemorar un aciago suceso que aconteció en el mes de abril de 1986, hace ahora treinta y cinco años, en la localidad vallisoletana de Medina del Campo.
Un adolescente fue a buscar a un amigo suyo a su casa y la madre de su amigo le dijo que éste se encontraba en el corral (la familia tenía una granja: vacas, cerdos, aves, de todo) y cuando el adolescente entró allí le salió al encuentro una oca que se dirigía a él con andares como de malo de peli del oeste, así, oscilando a cada paso el cuerpo de un lado a otro y con cara de a mí no me toques los huevos. El adolescente aún conservaba la idea infantil de que aquél era un animal tierno y cándido, como le recordaba de las películas de dibujos y tal, así que ahí se quedó esperándola, pánfilo y cachazudo, y cuando la oca estuvo a su altura y el adolescente se disponía a acariciar su cabecita ¡ÑACA!, colosal picotazo que la oca de los cojones le arreó justo allí donde las buenas maneras impiden señalar. Su amigo acudió veloz al quite y se llevó a la oca y el adolescente quedó en el suelo hecho un ovillo, sin respiración y cagándose cien mil veces en Walt Disney y en la madre que le parió.
Recuerdo perfectamente que aquello ocurrió en abril de 1986 porque justo cuatro días antes de los hechos me habían operado de fimosis.
jueves, 22 de abril de 2021
La oca
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