En la piscina de mi barrio hay un sauce que da una sombra de la hostia, y bajo ese sauce me pongo yo si no encuentro sombrilla libre, como esta tarde, por ejemplo; lo que ocurre es que ahí no puedes elegir a quién te toca de bañistas colindantes, la democracia no da para tanto.
Coloco la toalla, saco del macuto un Mortadelo porque tengo cargando el ebook y porque me da la gana, chisco un cigarro y me pongo a leer. En determinado momento me da la risa ante una ocurrencia del Bacterio y escucho un cuchicheo a mi izquierda, giro levemente la cabeza en esa dirección y veo, a escasos tres metros de mí, a un matrimonio de por aquí algo más jóvenes que yo; de él siempre he pensado que es un poco subnormal profundo y de ella tampoco es que tenga mucha mejor opinión porque ya son años de cazarles en todas partes caciconeando, chismorreando y cortando trajes al personal, y a la fuerza se ve el percal, coño, así qué ni caso, paso de ellos y de su puta madre y sigo a lo mío, que es el Mortadelo. Al poco rato pues que me vuelve a dar la risa porque Bacterio no da una, el tío, y tate... el tándem ataca de nuevo. Esta vez le escucho a él claramente y en tono burlón: "Joder, ¿le ves? Con sus años y escojonándose con un tebeo... No me jodas...", de modo que me desentiendo momentáneamente de la caza de Chapeau el "esmirriau" por culpa del atontao, me giro hacia ellos y ahí les tengo a los dos mirándome sin cortarse ni media y con una sonrisa de Martínez Soria que me hace pensar si no llevarán los macutos llenos de chorizos y claro, reflexiono con qué tampoco es tan malo ser tonto, oye, tonto puede ser el vecino, el amigo, el diácono, el Amado Líder, y, por otra parte, el tonto puede invitarte a café, puede abrirte la puerta del portal si vas con bolsas, el tonto puede ser desprendido, solidario, atlético, simpaticón... lo malo del tonto es que es tonto, y si casa con tonta pues pá qué te voy a contar, así que sin desviarles la mirada me pongo de costado y me rasco el nuflo, así, a la remanguillé, todo ello con una sonrisota yo también, claro, no vayan a pensar que mis picores no son honestos. Levantan mucho las dos cejas -porque entre los dos tienen dos cejas-, vuelven bruscamente sus cabecitas en otra dirección (fuese el otro y no hubo nada, o algo así, que diría Cervantes) y yo aprovecho y me voy a dar un baño, porque yo lo valgo, qué leches...
Cuando salgo del agua, sin darme esta vez ningún cabezazo contra la pared de la piscina, y voy a secarme ahí que sorprendo al matrimonio caciquil en flagrante contubernio debatiendo sobre el culo tan gordo que tiene la forastera del tanga azul y lo marrana que debe ser, según ellos, claro.
Mañana me llevo el mp3 y me evito estas chorradas.

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